Necesito escribir
algo que me llene
tanto como tu
una noche de verano.
Necesito escribir
algo que resulte
como un trino
al final del compás.
Necesito escribirte
justo cuando te vas.
Necesito escribirte
justo cuando no estás.
A veces me pregunto
que sentirás
o que pensarás.
Pero, amor,
¿a quien le importa?
A mi y solo a mi.
Yo, que quiero
explorarte
hasta entrar
en tu última
neurona libre,
en cada pensamiento
que vuele fuera
de tu jaula.
Yo, que quiero
hacerte oro
entre mis dedos
y enredados
en tu pelo.
Pero dime, amor.
¿A quien le importa?
A quien le importa
que yo,
ser insignificante,
esté ávido de sentir,
esté deseoso de vivir
y con más ganas
que nunca de amar.
Pero, amor,
¿a quien le importa?
A quien le va a importar
si lloro,
si amo,
si rio,
si fumo,
si mato,
si toco,
si duermo,
si sueño,
si vivo
o si dejo de vivir,
si me rio por reir
o si me siento
insignificante,
inútil,
despreciado
y solo cuando
nadie sabe
que decir
cuando hablo
sobre lo que pasa
en mi cabeza.
Y dime, amor,
¿a ti te importa?.
miércoles, 13 de mayo de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
Ruido III
Con el matrimonio en 1469 de Fernando de Trastámara e Isabel de Trastámara se sentaron las bases de lo que se ha denominado Monarquía del Quiero y No Puedo.
Horas que vienen y van, entre estas cuatro paredes en las que esta prohibido soñar y con el reloj machacando el minutero, oigo como cada segundo pasa a la historia y yo paso a la historia del papel. Tinta de keroseno que promete una nueva libertad y creatividad, oyendo ruidos entre los espacios que hay entre esta frase y la que viene, portazos en la cara del espectador y un trino que apenas suena entre alaridos y la cafetera de los minutos pasados, pero verá, a veces la fatiga es normal y habrá quien dice que no sigo el compás mientras yo, sueño indiscriminadamente perdido entre los rizos de la directora que van sin ton ni son, marcando el ritmo, marcando el tempo.Tiempo que es eterno cuando me acompañan un enorme taco de papeles que me miran gritando como si una jauría de viejas gatunas se tratase: "¡EMPÁPATE DE SABER!".
Pero una se amontona encima de la otra, y la otra se pierde, y la tinta fluye mientras gasto una vida en recordar algo que me ha consumido la inspiración y que tiene espinas clavadas en las yemas de los dedos de la mano izquierda que gritan pidiendo asilo político a otro instrumento.
Pero yo, que hundo colinas, remuevo mares y modelo planetas. Yo, dios de mi propia existencia, hombre libre de espíritu y sin cargo de conciencia. Yo, ser poderoso y de altar sin dios, de espada y pluma en mano, me retuerzo y aullo desperado un "¡YA NO HAY NADA QUE PERDER!" ante el ruido de mi universo, mientras sigue el tic-tac del reloj y el Cristo empobrecido me mira como riéndose en mi cara.
Hoy, que cada vez queda menos para la liberación, me he enfrentado al ruido, cara a cara y me he dado cuenta que cada vez hay menos diferencia entre él y yo.
Horas que vienen y van, entre estas cuatro paredes en las que esta prohibido soñar y con el reloj machacando el minutero, oigo como cada segundo pasa a la historia y yo paso a la historia del papel. Tinta de keroseno que promete una nueva libertad y creatividad, oyendo ruidos entre los espacios que hay entre esta frase y la que viene, portazos en la cara del espectador y un trino que apenas suena entre alaridos y la cafetera de los minutos pasados, pero verá, a veces la fatiga es normal y habrá quien dice que no sigo el compás mientras yo, sueño indiscriminadamente perdido entre los rizos de la directora que van sin ton ni son, marcando el ritmo, marcando el tempo.Tiempo que es eterno cuando me acompañan un enorme taco de papeles que me miran gritando como si una jauría de viejas gatunas se tratase: "¡EMPÁPATE DE SABER!".
Pero una se amontona encima de la otra, y la otra se pierde, y la tinta fluye mientras gasto una vida en recordar algo que me ha consumido la inspiración y que tiene espinas clavadas en las yemas de los dedos de la mano izquierda que gritan pidiendo asilo político a otro instrumento.
Pero yo, que hundo colinas, remuevo mares y modelo planetas. Yo, dios de mi propia existencia, hombre libre de espíritu y sin cargo de conciencia. Yo, ser poderoso y de altar sin dios, de espada y pluma en mano, me retuerzo y aullo desperado un "¡YA NO HAY NADA QUE PERDER!" ante el ruido de mi universo, mientras sigue el tic-tac del reloj y el Cristo empobrecido me mira como riéndose en mi cara.
Hoy, que cada vez queda menos para la liberación, me he enfrentado al ruido, cara a cara y me he dado cuenta que cada vez hay menos diferencia entre él y yo.
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