martes, 16 de junio de 2015

La punky maleducada.

Huele a tierra mojada y no sé si me estarás esperando bajo el tic-tac incesante del reloj tanto como espero yo a que las estrellas aparezcan en el contaminado cielo de Madrid. No sé si esperas tanto como yo a que la tarde lluviosa de café, poesía, música y chimenea vuelva a aparecer para poder compartirla contigo, quizás escribir nuestra propia epopeya o tal vez beber el mejor café que hayamos probado nunca. Y quien sabe, igual me retuerzo de placer al escucharte mientras recitas alguna de aquellas cosas que nunca nadie jamás ha visto. Tu melodiosa voz que encandila mis pensamientos hacia el mar de tus ojos, hierba pura, esperanza y vida. Sigue oliendo a tierra mojada, tecleo al son de aquel pájaro que trinaba cuando hablabas mientras la tarde se ha vuelto roja como tus labios, miel enrojecida escondiéndose coquetamente en una punky maleducada. No sé si quizás quieras volver a verme o si quizás deseas otra cosa, llevarme a tu refugio y para pasar las horas riendo, explorando cada rincón de ti, oyendo música y escuchándote a ti.
Rechinan las cuerdas de mi guitarra y me han dicho que me coma el coco porque las canciones me dan pasta, pero no quiero componer ninguna melodía en la que no esté tu voz o las teclas de tu piano, no quiero hacer nada en lo que no estés tu. Tu y yo bailando al compás de un tango como tan pronto coreando Boikot o erizándonos la piel con Koven, completándonos con nuestra música de punkys maleducados que no son punkys pero si punks. Pero es domingo por la noche y llueve en Madrid pero en mi mente hace un sol espléndido y en el horizonte se acerca un nubarrón. Aún puedo oler la tierra mojada por la lluvia incensante de Madrid y  por fin han vuelto a florecer las rosas de mi balcón y la primavera está en su apogeo dispuesta a dar una cálida bienvenida a las moscas del verano, fugaces, inquietas, inciertas.
Parece que hoy, todo vuelve a empezar de nuevo. Libertad.