miércoles, 21 de octubre de 2015

Carta a mi modalidad.

Si esperabas algo, aquí está.
No esperes que me sincere del todo, ni esperes un discurso motivante ni pasotista, porque es perder el tiempo.
Jamás habrá papel en el que pueda plasmar un sentimiento tan fuerte, ni jamás habrá acorde que suene como la melodía de mi cabeza, ni mayor ni menor. Y es que ahora, todo es una perspectiva de anacrusas que se adelantan y silencios que duran más de lo normal, una sucesión de escalas pentatónicas menores con una base de slow-blues acompañados de la planta enrollada en papel de liar que tengo en la mano. Porque para que engañarnos, esa ha sido siempre mi tonalidad, y creí que por fin la flexión insegura de mi vida iba a ser modulación y con ella, una nueva tonalidad, una nueva forma de vivir, de escribir, de sentir, de volar. Pero estaba claro que no. Pensé que podía abrir la caja de Pandora y seguir tan pancho, caminando entre tejados, pensé por segunda vez que podíamos volver a volar a la misma altura y sobrevolar Madrid. Pero estaba claro que no. Así que me voy a recordar, a escribir, a llorar y tocar todo aquello que no hice mientras el modo menor migraba repentinamente y a sus anchas al modo mayor. 
Y es que ahora me encuentro en el da capo de la obra, solo, perdido, triste, sin directo, orquesta ni instrumento.