viernes, 16 de febrero de 2018

Equinoccio.

El invierno se aleja con paso lento y pesado como un disco de Asteroid en mi reproductor, dejando atrás la tripa vacía y las manos frías, el congelamiento vital y la detención cerebral.
La nieve se funde poco a poco con los primeros rayos de sol de la primavera, dejando escuchar los tímidos silbidos de los pájaros jardineros, mañaneros y madrugadores. Adelantan la hora solar, el fin del letargo, como anunciando el resurgir de la inspiración gastada y podrida, olvidada en el desván del ya lo haré otro día y en la estantería del no soy suficientemente bueno.
La nieve se funde y deja entrever los tallos de las flores que están comenzando a crecer después de tanto tiempo escondidas bajo tierra. Tienen más tiempo para tomar el sol y yo puedo caminar por las anchas calles observando el estilo arquitectónico de los edificios y maquinando estructuras de aroma veraniego. Frescos y cálidos, como unas litros de domingo.
El invierno se marcha lentamente y suenan las trompetas del reino de la hoja en blanco y todo es júbilo y sentimientos a flor de piel, festejando el equinoccio de primavera con tinta fluyendo por todos lados. La nieve se funde y se puede caminar, el sol calienta y alienta el texto jocoso de verso rugoso.
El invierno se marcha poco a poco dejando días largos y muchos trazos.