martes, 8 de junio de 2021

Tobar clus.

Resquicios de la dulce brisa quedan impregnados en mis cabellos aún sin lavar. La misma brisa que con los últimos esfuerzos, termina de secar las flores de primavera. Es la dulce brisa esa que trae las tormentas del 40 de mayo, la que revolotea por mi oreja apoyada en el cabecero de la cama. Pasado mañana es 40 de mayo y como dice el refrán, podremos quitarnos el sayo. Quien pudiera oír la dulce brisa que con un soplido levanta el tupido velo de color floral pero a su vez, deja paso a la tranquilidad y goce estival. 


Ahora que puedo jugar a ser Marcabrú y trobar clus, puedo jurar por Dios que daría hasta dos maravedís por un ramo de margaritas para entregarlas en señal de la alegría y amor que me golpean en el pecho. El verano, amarillo, como los campos de trigo ha llegado, por Dios, no queremos que se vaya. Los animales acechan en los bordes de los caminos y las tabernas están llenas de vino blanco y mininos. Ahora que podemos jugar a trobar difícil, escondiendo las alegorías y las referencias, es mucho más divertido. 


No me vale solo la dulce brisa para contentarme. Siempre el tiempo vuela con ella, fugazmente, y me deja relamiéndome los labios que saben a ese cálida y reconfortante taza de té. Tampoco me vale entrar en la habitación y contemplar su cuerpo a la luz de la lámpara, ¡pues por el rey Ricardo! Se me acaba el tiempo y de su excelente conversación no he disfrutado. Me pregunto cómo será oír cantar al verano. Me pregunto como se puede calmar esta sed que me da, pues aunque beba de todo el agua del flevit super illam en un cáliz de oro en el monte de los Olivos, no cesa. Siempre estoy sediento del calor que arrastra la dulce brisa veraniega. 


El jolgorio nocturno se ha abalanzado sobre mí mientras escribía estos versos, cerrados a la par que abiertos. Me ha alcanzado como nos alcanzó esa noche en el que el tiempo, aunque detenido, pasaba volando. Lo que no pasa nunca es las ganas de cantar algún estribillo o de contar historias de fuegos azules y personajes legendarios. En la velada previa a pasar de ser un entendedor a un drutz más afortunado y rico que Mansa Musa, me deleito componiendo palabras seguidas con una elocuencia propia de ti y de mi, esperando a volver a disfrutar de ese momento en el que se haga de día y la luz del sol me inunde como a los barcos cruzados rumbo a Tiro.


Hoy estoy escribiendo esto porque tengo la ventana de mi habitación cerrada. Echo de menos la sensación de estar envuelto en esa brisa que hace que los bosques se aclaren. Es lo divertido de esta trama: la incertidumbre de si serán leídas estas mis líneas; la vergüenza de ser descubierto en el arrebato juglaresco y la emoción de cobrar recompensa de mi amada en besos. Jugando a ser Marcabrú en mis prácticas de feudalismo particulares, he encontrado una forma de dar dinamismo a mi mismo. Jugando a trobar clus, quedan como un libro abierto estos mis versos. Escondiendo juegos sin guardar secretos.