domingo, 25 de agosto de 2013

El gélido cristal.

No era 
el frío tacto
del invierno,
era un frío
especial.

Su piel 
se asemejaba
a ese hielo
glaciar
que tanta
calidez da.

Una mirada,
dos ojos
que se cruzan.
Sus ojos,
eran profundos
como pozos.

El cabello rubio
que bajaba
por esos hombros.
Ese cabello,
que brillaba
como el sol 
de primavera.

Su vestido rojo
hacía que no
pareciese
tan gélida
como en 
realidad era.

Frío,
calor.
Dos opuestos
en una misma
persona.
Cuanta belleza,
cuanta sutilidad,
cuanta fragilidad.

Sus labios 
parecían frascos
de cristal.
Frágiles,
dispuestos a
romperse con
el mínimo contacto.

Cuando mi brazo
rozó el tuyo
por casualidad,
supe que eras
distinta a todo lo demás.

Cuando tus ojos
se posaron en 
los míos,
supe que jamás 
volvería a querer
a nadie más.





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