La uña desgarra
la preciosa tela.
La carne se queda
descubierta.
Frágil, sensible.
Como un jarrón
de porcelana
que se estrella
contra la pared.
Hoy he visto
como mi guitarra
ardía entre
todos esos
libros y demás
cosas inútiles.
Era una gran hoguera.
Ardían cosas,
cosas despreciables,
como el tiempo,
como esos libros,
como aquellas
sucias y despreciables
personas.
En el otro extremo
de la habitación,
una señora mayor,
con los pechos caídos,
la mirada triste
y perdida,
y un hombre gordo
con una barba
lustrosa,
me gritaban cosas
que yo,
no alcanzaba
a comprender.
Notaba el olor
a gasolina
en la palma
de mi mano,
en mi ropa,
en todos lados.
Las llamas
se avivaron
y yo me ví
atrapado
en aquella habitación,
con los dos viejos,
con los libros ardiendo.
Y entonces ví
como la uña
rasgaba la tela
dejando la carne
descubierta.
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