El precioso papel
cayó al suelo
en una nube
de cenizas.
Hoy he soñado
que estaba
en aquella
misma casa.
Otra vez.
Hoy he soñado
que recorría
sus oscuros
y tormentosos
pasillos,
hasta llegar
nuevamente,
al tétrico salón.
El busto de Palas
gobernaba
la sala
apoyada en
la chimenea.
Mis ojos
recorrieron
la estancia
con nerviosa
rapidez.
Y vi aquel cuadro,
y vi aquella escopeta,
y entonces vi
aquella merecedora.
El tiempo se detuvo,
apenas un instante,
y una figura deforme
se levantó.
Y me miró.
Otra vez
aquel viejo.
La misma barba,
los mismos ojos,
la misma alma.
Entonces huí
de aquella habitación,
al compás
de la estridente
música de mi cabeza.
Corrí por los pasillos
y me metí en otra sala.
Y ahí estaba, de nuevo, la vieja chillona.
Vi como ardían
millares de libros
en aquella hoguera.
Y entre sollozos,
entre necios gritos
y maléficas risas,
la vieja cayó hacia atrás,
presa de la locura.
Y vi como moría
mientras el preciado papel
caía envuelto
en una nube de cenizas.
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Dedicado a aquella persona que huye de la Luna, que ríe, que llora, que busca.
Por todos esos buenos momentos que hemos pasado y nos quedan por pasar, gracias.
Agradezco el retorno de este sentimiento y el fuerte golpe que logro escuchar en el lado oculto de alguno de mis muros, intentando derribarlo. Gracias. Lo guardo en mi pecho.
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