el recuerdo
al escribir,
como arde
la tinta
al fluir
por el papel.
Quema sin ti,
quema contigo,
todas aquellas
tardes por Madrid,
falsas, fariseas,
pensando que
serías mi renacer
bajo atardeceres
de siestas eternas
y acordes mayores.
Hiela contigo,
hiela sin ti,
huele a invierno
por los pasillos,
justo como olía
bajo sus sábanas,
olor a sandwich,
lagrimones
que caían por
su mejilla
excusándose
de que la obra
había terminado
y me tocaba
volver a casa,
con la guitarra
sin afinar.
Que quema
el recuerdo
al escribir
como arde
la tinta
al fluir
por el papel.
No eras ella,
nunca lo serás,
pero pensé,
por un instante pensé
que serías ocre,
color deshielo,
intenso verano
y por un momento,
todo llevaba tu nombre.
Que si el odio por tu nombre,
que si el amor,
que si el ir,
que si el venir,
que si el fumar,
que si el llorar,
que si el gritar,
el componer,
el reír,
el volver,
el dormir,
que si desafino
y otras me acelero,
que si el sol,
las plantas,
la lluvia,
el viento
y el silencio de corchea.
Que quema
el recuerdo
al escribir,
como arde
la tinta
al fluir
por el papel.
Y es que ella,
que no tú,
dejó un vacío
y fui iluso,
poeta empedernido
y arrogante
al pensar que tú,
con tu simple existencia,
podías llenar
algo que se te antojaba
bastante lejano.
Pensé que podía
ser mi ella contigo,
y de nuevo,
me equivoqué.
Y ahora pienso
en lo que sufrí
y sé que no vale
la pena el seguir
escribiendo
un solo verso
por ti.
Simplemente,
quema el recuerdo
y no voy a permitirlo.
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