A veces no sé si dibujar en blanco y negro o tocar una escala mayor, cálida y segura entre tus mantas pero siempre preguntándome si lo estaré haciendo bien. No sé tampoco si escribo bien, ni si quiera sé si mi letra es buena, si pienso bien, si siento bien.
Miro mi mesa y veo dibujos mal hechos, poemas de mierda para soñadores incomprendidos y por encima veo apuntes mal hechos, conocimiento que se escapa entre mis dedos, partituras que mis dedos no tocan bien, un librillo de canciones que no suenan bien.
Me miro en el espejo y veo confusión y libertad adornadas con un toque de parsimoniosa estupidez acompañando a un pringao que llora como si las lágrimas sanasen su inutilidad.
Resuenan gritos y llantos en eco interminable, desafinado y estridente, pensando si estará bien, si estaré bien, si hay algo que realmente esté bien. Si ni siquiera sé llorar bien.
Me he levantado está mañana y he notado que las flores ya no son de colores vivos y que los pájaros trinan en mi menor, me he dado cuenta de que el árbol hace tiempo que se fue, con sus verdes hojas. Quizás ahora esté bien.
Me siento insuficiente, ignorado, hundido, perdido, incomprendido y presionado. Incluso fuera de territorio hostil me siento bajo presión, pensando si estaré actuando bien, pero claro, que se me da bien...
No sé como expresarme, donde expresarme, a quien expresarme, no sé si soy yo o eres tu, ellos, nosotros o el calor de julio, que abrasa mi conciencia dormida que espera a salir volando de aquí y que no tenga que sentirse como se siente.
Ya no hay paracetamoles en forma de poesía, ni flores en mi balcón, ya no hay inspiración que me ilumine para escribir, sabiendo que aunque esté escribiendo no sé si lo estoy haciendo bien.
Me toca decidir entre yo y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario