sábado, 9 de diciembre de 2017

Entre humo.

Entre humo diluyo mi dolor externo y no miento si pretendo cambiar el curso del universo con mis versos escritos bajo una densa nube de humo gris, hachís blando y denso aroma a tu pelo. Escribo sintiendo que esto es lo que quiero, sentirme libre y entero frente a un folio desmintiendo que cribo sueños de(mi)mente.

Entre humo viene y va, tu mirada y el azar de la historia, los hechos, inversos, tú eres Rusia y yo soy el Zar. Corrompido por la maldad de Dios, dar y tomar, quedó destituido por el diablo del verso superfluo atribuido a Satanás, acuchillando por detrás.

Entre humo diluyo pensamientos internos, debatiendo sobre el bien y el mal, el aquí o el allá. Estoy en una cruzada contra mi mismo, soy el moro judío que vive con los cristianos, no sé que Dios es el mío pero solo pienso en escribir para calmar, escribir para escapar del hastío. 

Entre humo, se me está yendo el cosmos, colorido, no lo distingo con claridad, suena la instrumental, quién diría que la vida es improvisar del principio hasta el final, que lo que prima son las estructuras que encontrarás en los versos de mente madura, llenando el papel con tinta china y rimas duras.

Entre humo vislumbro el final de la partida, se me han acabado todas las vidas y he vuelto a la guarida. Me arriesgué ayer y hoy estoy fumando buena mierd(a). 

Entre humo, en soledad y color verde que atreve a ver la creme broulé. El ruido envolvente atormentando el mar en calma, reposada y esposada; verde, vida

Ya no se que hacer, escribir para creer. 

Entre humo perdimos los dientes, entre humo saltamos del puente. Hay algo oscuro en los ojos de esa gente, déjalo todo como te lo encuentres.

lunes, 22 de mayo de 2017

Egepcticismo.

Escribo en primera persona, y me siento cómodo en la o, de colocón, como el que llevo ahora mismo, mientras escribo versos que riman hacia ninguna parte, miente al diapasón, soy un seísmo. 

No hago caso a los problemas que exasperan en la brecha y sin testa, reciben esta consecuencia, presencian mantanzas y se estrecha el vínculo, vinícolo, me limpio el culo con su moral maltercha. 

Sigo siendo trigo limpio pero a su dios maldigo. No soy mendigo de su bendición, ni de sus leyes, ni de su pasión, versión. Versionan el cuento que cuento calmado, difamando verdades como puños.

El coco, mucho coco come, coco come mucho coco, el coco es poco o nada, esta muerto, enterrado, momificado,  sustentando el egepticismo del pensamiento, es el gérmen de una cultura inmóvil. 

Eterno, como el alma de esas momias. Intenso, como el martillo que pesa sobre sus dogmas, perfilando mis versos y afeitando el pescuezo. 

Escribo en primera persona y me siento cómodo con la o, de colofón vacío de ideas plasmadas en papiro, le pego el ultimo tiro y me piro.

martes, 16 de mayo de 2017

Negro.

Ya estoy harto de tanto ruido y de tanto frenesí que vi en un intenso verso. Superfluo, que suprefluye bajo la atmosfera sin miedo de mis dedos que rechazan todo lo que escribo. No fluyen las líneas por el universo, que siento, desespera y con prisa, mi brisa, que azota el humo que genera sonrisa. Lisa, como la camisa que prendo, presto, cogiendo el mechero, en el abismo sin miedo, troceando los cuerpos, perfilando los versos, que beso, si no hay besos que conduzcan este gesto.

Vacío es el que llena el papel, que no es menester de su maestre, que contra la corriente, deja el verso candente, al dente para que tu boca lo mastique. No fluye si no estás, no fluye si te vas, como tampoco fluye cuando siento despertar. Necesito de fumar, de escribir, de llorar. De curar la mente que siente, prevalece, sin nadie que lo intente. Quiero explotar en el papel como lo haría un demente.
Consulto al papel, me dice ven, te cuido como nadie, que quieres, que sientes, que pretendes. Pretendo ser competente, sacarme a relucir y no caerme, consciente de que no fluye, intuye, matemáticas que confluyen y a hostias ellos deciden.

Ya no sé si estoy enfermo o soy eterno, si soy puro cemento, si soy cero o puro sentimiento que siente abalanzarse sobre el abismo del verso vacío que crea instinto, adverso, que superfluye en el momento, de la duda, paliada con rima dura y blanda droga, que es el verso del preso que se salta los puntos y se sobra con las comas. Sentado en la ventana, solo, como el desierto. Devastado como Roma y sin tierra como Juan diluyó pensamientos mientras mi peta se lo fuma el viento. Viento que no huele a primavera. Huele a otoño húmedo y días cortos, que confluyen con los años. Pensando, que será mañana de este invento, intento, remontar río arriba de cara al viento. 

Hoy estoy cuerdo, mañana pendo, no entiendo, aun así escribo, creciendo. No me detengo, no quiero cesar, acabar, terminar este fluir, que está por venir, que llegará hasta morir y quiero decir, que no renunciaré, ni aunque el otoño llegue, ni aunque las flores marchiten. No cesaré, llevaré a mi persona a lo más alto hasta perecer.