lunes, 22 de mayo de 2017

Egepcticismo.

Escribo en primera persona, y me siento cómodo en la o, de colocón, como el que llevo ahora mismo, mientras escribo versos que riman hacia ninguna parte, miente al diapasón, soy un seísmo. 

No hago caso a los problemas que exasperan en la brecha y sin testa, reciben esta consecuencia, presencian mantanzas y se estrecha el vínculo, vinícolo, me limpio el culo con su moral maltercha. 

Sigo siendo trigo limpio pero a su dios maldigo. No soy mendigo de su bendición, ni de sus leyes, ni de su pasión, versión. Versionan el cuento que cuento calmado, difamando verdades como puños.

El coco, mucho coco come, coco come mucho coco, el coco es poco o nada, esta muerto, enterrado, momificado,  sustentando el egepticismo del pensamiento, es el gérmen de una cultura inmóvil. 

Eterno, como el alma de esas momias. Intenso, como el martillo que pesa sobre sus dogmas, perfilando mis versos y afeitando el pescuezo. 

Escribo en primera persona y me siento cómodo con la o, de colofón vacío de ideas plasmadas en papiro, le pego el ultimo tiro y me piro.

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