sábado, 3 de marzo de 2018

Avalon.

Como si de una manzana ácida, verde y ponzoñosa se tratase, suturan puntos de costura sin estar a la altura de las circunstancias. El árbol de la vida, fuerte y de tronco ancho crece en la isla sin importar el frío, el calor o que se caigan las hojas. Pues esto es Avalon y aquí las manzanas caen en todas las estaciones del año. 
En Avalon, las almas gemelas son separadas al nacer y se reencuentran en apenas un instante, explotando y dando de sí en un momento breve, corto en tiempo, toda una ríada que hará que las manzanas crezcan sanas, sin gusanos ni veneno, el momento de maduración óptima, con la primera luz del deshielo.
Son amplias las llanuras que se extienden a la vista, mas no son desérticas, están llenas de luz y de color, de vida y jolgorio, vítores y simbiosis que proporcionan una delicia visual, mental, estructural que denota cuidado, confianza y plenitud.
Avalon existe en ti, en mi. Avalon es el hormigueo del brazo, el café de las cuatro o el de las seis, el cigarro de después de comer y la música, muda, que aún está por sonar. Gomas de pelo y colores rojizos en el rostro, robustos troncos y pájaros asustadizos que aquí vuelan libremente. 
Trinan. Trinan con más fuerza que nunca pues están en Avalon y pueden hacerlo, sin miedo a caer estrepitosamente.
Esto es Avalon, y en Avalon nunca es invierno.

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