lunes, 19 de marzo de 2018

Manifiesto Primaveral.

Su pelo brilla de forma desmedida con el reflejo del sol, dando vida, luz y calor a la más profundas de mis raíces, que se asientan fuertes para crecer de forma posterior firme y sólidamente. Sus dedos son las cosquillas, de comfort, se deslizan sobre mi cuerpo con la ternura que necesitan las flores para desarrollar los tallos, verdes y robustos.
Hace buen tiempo y se avecina el florecimiento cada vez más cerca, se está caldeando el ambiente para la fiesta primaveral que avanza cada vez más deprisa con la rotación terrestre y el característico deshielo del desengaño. 
La dictadura del Invierno está en las últimas, tras varios años de estadío implacable e inmovilismo, se está retirando lentamente, flaqueando, como un glaciar. Reacio, despacio y pesado, el hielo se funde, derretido por esa sonrisa irresistible, dulce, cálida y verdadera que proporciona una pura delicia visual para mis ojos, que alienta a las tropas de la Primavera y alimenta está pluma de tinta azul como sus cuencas, que se menea incesantemente en un intento clandestino de evadir la censura del régimen invernal renovado.
El periodo gélido permanece, eppur si muove. Se mueve mi corazón a mil por hora mientras sus labios derriten la densa capa de agua cristalizada, organizando la oposición al Invierno, que flaquea cada vez más, falto de refuerzos y carente de estructuras firmes y solventes que sustenten su mandato.
La Primavera ha llegado para quedarse. Estamos aquí para eso, para eso escribe mi mano sobre la libreta de los apuntes, repletos de grafías antiguas, transcripciones y nuevos sentimientos de plenitud.
Aquí llegan los atisbos de la Revolución Primaveral. No temáis, no lloréis, no sufráis pues han venido para quedarse y con su ayuda, haremos al Invierno perecer.

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