lunes, 18 de noviembre de 2019

West largo.

En guerra por mi paz, constantemente. La presión encuentra su lugar dentro mi pecho, angustiado y golpeando por salir, manteniéndolo cerrado. La tripa vacía y las manos frías, quieres jugar a la guerra de las plumas que buscan la paz con el beso de aquí te pillo y aquí escribo estas líneas, producto de mi imaginación exasperada por producir algo que no sea en blanco y negro.
La cefalea de tanto pensarte y no se va ni con unos cuantos gramos de paracetamol fuera de la dosis diaria recomendada. En serio, necesitaba escribirlo o prensarlo, fumarlo y abandonarme al frío ético de mis pestañas soñolientas que están en realidad despiertas. Quiero dormir pero no me dejas.
Tengo tantas ganas de reventar que traigo el material refinado, lo mismo de siempre pero envasado al vacío. El Medievo me está consumiendo poco a poco, a veces para bien, a veces para mal. Bien es cierto que en Él encuentro consuelo, transportándome hace nueve siglos donde no tendría esta ansiedad pero seguiría sufriendote igual.
Estoy en guerra por mi paz, en tanto que tu no estás pero nunca te has ido. Me he montado un altar sin quererlo y no puedo evitar recordarte todos los días pero ese recuerdo es el que me mantiene vivo, como si fuese canuto acompañado de west largo bien prendido, no hablo de ti, hablo contigo. No se den por aludido.
Estoy en guerra por mi paz y un día de estos voy a reventar pero por ahora tocar seguir automedicandome en forma de café, letras y otras drogas. No participes en una guerra que no ganas, sin que nadie me dé ganas de nada, tirado en la cama llorando cascadas.

jueves, 9 de mayo de 2019

Autopsia.

Uno para ti y otro para mí, entre café tibio que se torna frío y el ruido de las agitadas hojas de la primavera. Estoy cediendo el espacio a mí mismo, calmado y resucitando con la luna llena como Cristo Redentor.
La vida pasa despacio y consciente como el cenicero de mi mente, suplente del partido que vamos a jugar, alcanzando la cima hasta el final. Me dejo llevar por los acordes de la sintonía de la vida.
Uno para ti y otro para mí, entre el café casí frío y el ruido del viento susurrándome al oído. Queriendo avanzar sin abrir formación pero retrocediendo ante los obstáculos de barro que se alzan en el lluvioso ocaso del día.
El café se enfría mientras se teclean estas líneas producto de una necesidad de encontrar un nuevo enfoque. Pero ya no tengo ganas de nada y si algo no se ve claro como los rayos de sol filtrándose en la lámpara aquella que compramos en Estambul, se abandona como me he abandonado yo mismo.
Se está acabando el polen que aliñaba mi cigarro y con el se desvanecen también las ganas de seguir escribiendo, así que hacemos lo de siempre, porque siempre hay hueco para dos tiros antes de llevarlo a la tumba.
Uno para ti y otro para mí.