-I-
Remover la tierra, hacer surcos de los que germinen las semillas que se plantan. Los campos de trigo aún no están listos pues acaban de ser concebidos. Desde marzo a finales del otoño, todavía queda tiempo para que sus raíces crezcan fuertes: sin enredarse unas con otras, con confianza, con mesura y con mucho amor humano.
-II-
Mediados de junio y los tallos empiezan a asomar. Regados con el agua abundante que localizan los ojos humanos y que han conseguido transportar con sus manos. Quien sabe cuando terminarán de florecer estas plantas de trigo, alegóricamente alegóricas; puede ser que se estén tomando su tiempo para dar los mejores frutos que jamás vio el hombre desde la época dorada del granero de Roma.
-III-
Entremedias, y a esperas de la cosecha, las manos del escribano registran el proceso, ahumado en el aceite de la lámpara y, distraído con las letras y las plantas, acaricia delicadamente la tierra para refrescar el olor de la misma. Pero ese olor no quedará escrito en papel, mas sí se guardará como una evocación en la biblioteca cerebral.
-IV-
Acabando el mes de julio los brotes se van formando fuertes y estables, preparados para dar un producto de calidad y multipropósito. Esperemos que siga así, sin perder fuerza para que sean altos, estéticos y con mucho fruto. Rezando todo lo que sé para que así sea.
-V-
Está llegando el final del verano y se acerca el momento de recoger la cosecha. Sin embargo, las tormentas de verano amenazan con destruirlas. He querido poner un toldo, algo que proteja estos campos de trigo que de la noche a la mañana se han convertido en algo tan preciado para mi. Quisiera poder reutilizar el fruto para sembrar más y poder disfrutar, a ser posible durante mucho tiempo más, del enredo del trigo entre mis dedos.
-VI-
Al final, en agosto, la cosecha ha sido todo un éxito y los campos de trigo seguirán creciendo fuertes y sanos mientras ellos quieran y el tiempo así lo permita. Muchas vivencias, algunas nuevas, otras no tanto pero igual de buenas. Lo importante es plantar con cariño para tener lo mejor que jamás se haya visto. La cosecha fue un éxito y podré revivir la sensación del enredo del trigo entre mis manos muchas veces más.
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