domingo, 29 de mayo de 2022

La ruta de la seda

Como si de suntuosa tela traída de la ruta de la seda se tratase, mis vestiduras rozan mi piel desnuda provocando una sensación similar a la visualización del tobillo de una cortesana medieval empapada hasta las trancas por el juego del fino amor. Ese justo momento cuando mis dedos recorren la infinita espalda de mi señora, en ese momento mi gozo es tal que ultrajaría al conde en favor del deseo y del amor. Es primavera y los monjes de parroquia, estudiantes y quizás no tan devotos se echan a los caminos y a las taberna. Como trovador que soy, me uno a ellos en la refriega cantinesca mientras cantamos canciones con estribillos fáciles de recordar. Y entre tanto cantar, hago contacto visual con dos perlas de alta calidad y de una belleza sin igual. Caí presa de su hechizo al instante. Estaba tan preso que mis labios dejaron de entonar "in taberna cuando summus" y quedaron entreabiertos, como la puerta de la alcoba. Más fue mi sorpresa que, de entre toda la multitud, aquella que destacaba era portadora de trigo por pelo, siendo este áspero pero confortable, deslumbrante y cálido, ay señora mía, es la damas más bonita que jamás estas manos han escrito sobre cosa igual.

El calor de la cama y de nuestros cuerpos acelera mi apostasía, renunciando a todo cielo si para ello tengo que no unirme carnalmente a mi señora. 

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