miércoles, 21 de octubre de 2015

Carta a mi modalidad.

Si esperabas algo, aquí está.
No esperes que me sincere del todo, ni esperes un discurso motivante ni pasotista, porque es perder el tiempo.
Jamás habrá papel en el que pueda plasmar un sentimiento tan fuerte, ni jamás habrá acorde que suene como la melodía de mi cabeza, ni mayor ni menor. Y es que ahora, todo es una perspectiva de anacrusas que se adelantan y silencios que duran más de lo normal, una sucesión de escalas pentatónicas menores con una base de slow-blues acompañados de la planta enrollada en papel de liar que tengo en la mano. Porque para que engañarnos, esa ha sido siempre mi tonalidad, y creí que por fin la flexión insegura de mi vida iba a ser modulación y con ella, una nueva tonalidad, una nueva forma de vivir, de escribir, de sentir, de volar. Pero estaba claro que no. Pensé que podía abrir la caja de Pandora y seguir tan pancho, caminando entre tejados, pensé por segunda vez que podíamos volver a volar a la misma altura y sobrevolar Madrid. Pero estaba claro que no. Así que me voy a recordar, a escribir, a llorar y tocar todo aquello que no hice mientras el modo menor migraba repentinamente y a sus anchas al modo mayor. 
Y es que ahora me encuentro en el da capo de la obra, solo, perdido, triste, sin directo, orquesta ni instrumento.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Lago.

Ha llegado el otoño
y el color ocre de las hojas
decora las calles,
esperando a que los árboles
se desnuden con el frío
y la nieve sepulte
a la gran ciudad.

Ha llegado el otoño
y con el tu sonrisa
y la melodía de tu voz
que resuena en mi cabeza
mientras atardece en Casa de Campo.

Fluyen las palabras
mientras el sol anaranjado
se refleja en el agua
y el crescendo sutil
empieza a elevarse,
destapando el compás.

Y sin darme cuenta,
estoy enredado en tu pelo,
perdido en tus ojos
y entregado a tus labios.

Fluimos juntos al compás
y el débil pianissimo
ha pasado a forte,
y el tiempo deja de ser oro
y empieza a desaparecer
en su propia esencia,
viajando, quizás, a ningún lado.

Se han torcido
las manecillas del reloj
pero tus labios siguen
relamiendo los míos
y me muerdes lentamente
como diciéndome
«¿qué más da que sean
las diez y media?.»

Te has convertido en oro
y la luna brilla
dejando atrás
al sol del atardecer,
nuestros labios se separan
y reina el silencio
de la música ambiental.

Y nada más.

No ha pasado ni un día
y es como si no te hubieras ido,
la vida fluye sin más
y el tiempo corre más deprisa
contando los días que faltan
para ver de nuevo tu sonrisa.

martes, 25 de agosto de 2015

Poesía barata III.

Retornan los vientos
del otoño ocre
y aún no has vuelto.

Te sigo esperando
desde que tu cara
se esfumó delante mia
en ese vagón de metro.

Ni si quiera recuerdo
como era el tacto
de mis dedos
recorriendo tu rostro,
pasando el pulgar
por la comisura
de tus rojos labios.

Recuerdo tus ojos
posarse en los míos
y tus labios pintados
derrochando sensualidad
como diciendo:
"Ven y bésame si puedes"

Necesito...
Necesito un ápice
de mísera inspiración.

Las moscas
del verano
se han esfumado
y empieza a hacer
frío por las noches.

El colorido verde
se torna ocre
a medida que
pasan las tardes.

Sin tí.

Te necesito aquí,
haciéndole compañía
a mi triste alma,
regalándome inspiración
porque cada vez,
cada vez más,
me sale barata
la cutre poesía.

domingo, 12 de julio de 2015

Poesía barata I.

Me llama el sabor
del alcohol en tus labios,
embobado a ratos
de la liviandad
de tu sutil lengua,
de como encandilas
mis pensamientos
con tus dulces palabras,
con tus increíbles historias.

Me sale barata
la simple poesía
y aun más cara
la terrible prosa.
Pero yo estoy aquí,
tecleando sin inspiración,
esperando a verte sonreír.

Que se me hace eterno
el regreso de las moscas,
de las avispas
y del tinto de verano
con y sin casera.
Porque me brilla tu ausencia
y rasgan las palabras
que apestan lujuria
y succionan libertad.

Eterno el verano
sin tu cigarro mal liado
y sin tus ojos verdes
de puro césped
fresco y mágico.

Me sale barata
la simple poesía
y aun más cara
la terrible prosa.
Pero yo estoy aquí,
tecleando sin inspiración,
esperando a verte sonreír.

Y puede que esto
no sea lo mejor 
que haya escrito,
pero me llama
el deseo de irme 
para volver,
el de empezar
para acabar,
el nacer 
para morir
y el atardecer
para amanecer.

Me sale barata 
la simple poesía 
cuando no estas aquí.

martes, 16 de junio de 2015

La punky maleducada.

Huele a tierra mojada y no sé si me estarás esperando bajo el tic-tac incesante del reloj tanto como espero yo a que las estrellas aparezcan en el contaminado cielo de Madrid. No sé si esperas tanto como yo a que la tarde lluviosa de café, poesía, música y chimenea vuelva a aparecer para poder compartirla contigo, quizás escribir nuestra propia epopeya o tal vez beber el mejor café que hayamos probado nunca. Y quien sabe, igual me retuerzo de placer al escucharte mientras recitas alguna de aquellas cosas que nunca nadie jamás ha visto. Tu melodiosa voz que encandila mis pensamientos hacia el mar de tus ojos, hierba pura, esperanza y vida. Sigue oliendo a tierra mojada, tecleo al son de aquel pájaro que trinaba cuando hablabas mientras la tarde se ha vuelto roja como tus labios, miel enrojecida escondiéndose coquetamente en una punky maleducada. No sé si quizás quieras volver a verme o si quizás deseas otra cosa, llevarme a tu refugio y para pasar las horas riendo, explorando cada rincón de ti, oyendo música y escuchándote a ti.
Rechinan las cuerdas de mi guitarra y me han dicho que me coma el coco porque las canciones me dan pasta, pero no quiero componer ninguna melodía en la que no esté tu voz o las teclas de tu piano, no quiero hacer nada en lo que no estés tu. Tu y yo bailando al compás de un tango como tan pronto coreando Boikot o erizándonos la piel con Koven, completándonos con nuestra música de punkys maleducados que no son punkys pero si punks. Pero es domingo por la noche y llueve en Madrid pero en mi mente hace un sol espléndido y en el horizonte se acerca un nubarrón. Aún puedo oler la tierra mojada por la lluvia incensante de Madrid y  por fin han vuelto a florecer las rosas de mi balcón y la primavera está en su apogeo dispuesta a dar una cálida bienvenida a las moscas del verano, fugaces, inquietas, inciertas.
Parece que hoy, todo vuelve a empezar de nuevo. Libertad.

miércoles, 13 de mayo de 2015

Dime amor.

Necesito escribir
algo que me llene
tanto como tu
una noche de verano.

Necesito escribir
algo que resulte
como un trino
al final del compás.

Necesito escribirte
justo cuando te vas.

Necesito escribirte
justo cuando no estás.

A veces me pregunto
que sentirás
o que pensarás.
Pero, amor,
¿a quien le importa?

A mi y solo a mi.

Yo, que quiero
explorarte
hasta entrar
en tu última
neurona libre,
en cada pensamiento
que vuele fuera
de tu jaula.
Yo, que quiero
hacerte oro
entre mis dedos
y enredados
en tu pelo.

Pero dime, amor.
¿A quien le importa?

A quien le importa
que yo,
ser insignificante,
esté ávido de sentir,
esté deseoso de vivir
y con más ganas
que nunca de amar.

Pero, amor,
¿a quien le importa?

A quien le va a importar
si lloro,
si amo,
si rio,
si fumo,
si mato,
si toco,
si duermo,
si sueño,
si vivo
o si dejo de vivir,
si me rio por reir
o si me siento
insignificante,
inútil,
despreciado
y solo cuando
nadie sabe
que decir
cuando hablo
sobre lo que pasa
en mi cabeza.

Y dime, amor,
¿a ti te importa?.

lunes, 4 de mayo de 2015

Ruido III

Con el matrimonio en 1469 de Fernando de Trastámara e Isabel de Trastámara se sentaron las bases de lo que se ha denominado Monarquía del Quiero y No Puedo.
Horas que vienen y van, entre estas cuatro paredes en las que esta prohibido soñar y con el reloj machacando el minutero, oigo como cada segundo pasa a la historia y yo paso a la historia del papel. Tinta de keroseno que promete una nueva libertad y creatividad, oyendo ruidos entre los espacios que hay entre esta frase y la que viene, portazos en la cara del espectador y un trino que apenas suena entre alaridos y la cafetera de los minutos pasados, pero verá, a veces la fatiga es normal y habrá quien dice que no sigo el compás mientras yo, sueño indiscriminadamente perdido entre los rizos de la directora que van sin ton ni son, marcando el ritmo, marcando el tempo.Tiempo que es eterno cuando me acompañan un enorme taco de papeles que me miran gritando como si una jauría de viejas gatunas se tratase: "¡EMPÁPATE DE SABER!".
Pero una se amontona encima de la otra, y la otra se pierde, y la tinta fluye mientras gasto una vida en recordar algo que me ha consumido la inspiración y que tiene espinas clavadas en las yemas de los dedos de la mano izquierda que gritan pidiendo asilo político a otro instrumento.
Pero yo, que hundo colinas, remuevo mares y modelo planetas. Yo, dios de mi propia existencia, hombre libre de espíritu y sin cargo de conciencia. Yo, ser poderoso y de altar sin dios, de espada y pluma en mano, me retuerzo y aullo desperado un "¡YA NO HAY NADA QUE PERDER!" ante el ruido de mi universo, mientras sigue el tic-tac del reloj y el Cristo empobrecido me mira como riéndose en mi cara.
Hoy, que cada vez queda menos para la liberación, me he enfrentado al ruido, cara a cara y me he dado cuenta que cada vez hay menos diferencia entre él y yo.