Y no lo puedo soportar. El tic de mi pierna se torna insoportable e irrisorio y su ritmo se acelera, como mi respiración, que es cada vez más agitada y los suspiros aleatorios aumentan su frecuencia. Hasta que por fin estalla. «¡Te odio!», silencio,«¡déjame en paz!»,«¿por qué no estudias?», besos robados bajo la luz de la luna, silencio, «nada»,«¡que no me grites!», silencio, «hola, Melenas», «buenas noches», silencio, silencio, silencio, silencio y ruido confuso, como un bazar de ideas, como quien grita «¡a tres euros, señora!», crepúsculo de las palabras bajo unos cuantos sorbos de café tardío y ya no te quiero. Como una realidad huérfana de espacio, despacio, como se consume la tinta del bolígrafo, házmelo muy lento. Lágrimas que se evaporan antes si quiera de salir a la luz mientras mi mente parece una autopista con pensamientos kamikazes en sentido contrario a las manecillas del reloj. Silencio. Apenas un instante sin palabras necias, realidad huérfana de espacio pero complementada por mis simples ideas y destruida, aniquilada, conquistada y arrasada por el silencio y el gozo de mis ojos. «¡Que no me grites!» y le pego un sorbo al café de la mesa que ya no es café ni tampoco hay mesa, con gesto de desaprobación y palabras que caen como un martillo pilón mientras mi pierna sigue moviéndose con su plena libertad y yo he perdido todo contacto con el exterior a la vez que juego a ser guardia de tráfico en mi subconsciente.
¡QUIETOS!
Despacio.
Despacio y sin espacio, dormido, dejando que mis labios se codeen con tus pezones y el sabor de aquella cerveza mientras agito la cabeza, como sin saber que pasa. Te he traído una bolsita de arena y un bol con agua para hacerte tu propia playa debajo de tus sábanas,«pero el accionista no ha pagado el valor de emisión» y así sin más, se me acaban las ideas y las lágrimas. Es domingo por la mañana y no hay nadie por la calle, despacio, como mi propia realidad, huérfana de espacio. Ya he terminado de escribir y me he dado cuenta de que estoy jadeando y a mi al rededor nadie se ha dado cuenta de la bíblica batalla que ha habido en mi mente. Despacio.
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