martes, 2 de diciembre de 2014

Menos de un año, un domingo y un noviembre.

Y de repente, se nos vino la lluvia encima, como el enfado de algún dios inexistente. Y debajo de aquel soportal entremedias de Ópera y Oriente, veíamos la lluvia caer, cogidos de la mano, escuchando la música de nuestras esencias, completándonos el uno al otro. Y entre las nubes de humo de aquel porro veíamos pasar nuestras penas y nuestros deseos mientras la gente pasaba, nos miraba extrañada y seguía caminando. Caminaban apurados, como si la lluvia fuese ácido y como tuvieran algo mejor que hacer que empaparse una tarde lluviosa de domingo madrileño. Reíamos mientras la gente pasaba y nos miraba, mientras realizábamos nuestros viajes de ensueño y vivíamos más vidas que un gato. En menos de cinco minutos viajamos por las selvas amazónicas, nos perdimos por las calles de Praga y coronamos el Himalaya tras haber dado la vuelta a Cuba en bicicleta. Y de repente, tus ojos se posaron en los míos y tus labios besaron los míos. El frío despareció y había vuelto a casa tras muchos viajes para irme otra vez, no sabia a donde, donde tus labios me llevaran. Me miraste a los ojos y nos inundó una sonrisa plena. Intensa. Me sentí vivo y pleno, intenso. Como jamás antes lo había hecho.
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Dedicado a Julio, por su inestimable ayuda, para agradecerle todo lo que ha hecho por mi sin ni si quiera conocerme. @tresquartsderes 

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