Que no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
Ni tampoco esos
treinta y no sé cuantos
porros de maría.
Que ahora que se acerca
la brillante primavera,
se nota la aridez de mi cuerpo,
al que le falta tu humedad.
Esos días bellos de frío y lluvia
en los que nos quisimos de verdad,
cuando recogí, gota por gota,
todo ese cariño que derramaste
en el árido desierto de mi piel.
Y ahora que tu ausencia duele
y el lago se ha convertido en pantano,
lleno de fango y camino de la desertización,
vago por el papel buscando
la papela y el tapón de la litrona
para fertilizar de nuevo
los campos de mi cuerpo.
Y corre la tinta del bolígrafo,
como buscándote entre algún trueno
que sea inesperado e intenso
y que me lleve de nuevo
al frondoso mar de tu pelo.
Buscando las cuerdas
de mi guitarra
a no sé cuantos grados,
por la noche y sin luz
para volver a dedicarte
otra melodía cualquiera,
a solas tu, yo y mi conciencia.
Que cuando te recuerdo,
sonrío aunque duela
y me doy cuenta de que
no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario