domingo, 15 de marzo de 2015

Cerveza húmeda.

Que no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza. 
Ni tampoco esos
treinta y no sé cuantos
porros de maría.

Que ahora que se acerca
la brillante primavera,
se nota la aridez de mi cuerpo,
al que le falta tu humedad.

Esos días bellos de frío y lluvia
en los que nos quisimos de verdad,
cuando recogí, gota por gota,
todo ese cariño que derramaste
en el árido desierto de mi piel.

Y ahora que tu ausencia duele
y el lago se ha convertido en pantano,
lleno de fango y camino de la desertización,
vago por el papel buscando
la papela y el tapón de la litrona
para fertilizar de nuevo
los campos de mi cuerpo.

Y corre la tinta del bolígrafo,
como buscándote entre algún trueno
que sea inesperado e intenso
y que me lleve de nuevo
al frondoso mar de tu pelo.

Buscando las cuerdas
de mi guitarra
a no sé cuantos grados,
por la noche y sin luz
para volver a dedicarte
otra melodía cualquiera,
a solas tu, yo y mi conciencia.

Que cuando te recuerdo,
sonrío aunque duela
y me doy cuenta de que
no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.

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