Silencio.
Doy vueltas
en círculo
sin saber
que hacer,
ni a donde ir
y sin saber quien soy.
Pasan las inevitables
horas de la tarde
y tengo la guitarra
delante.
Y no puedo tocar,
ni puedo cantar,
ni puedo gritar,
ni tan si quiera
puedo soñar.
Se me pasan
lentas las horas
dentro de esta
habitación,
esperando a que
sea mañana,
para que sea
el día siguiente,
y el siguiente.
Y así hasta el lunes.
Y vuelta a empezar.
Estar en el colegio
desrando llegar a casa
y estar en casa
deseando volver a ir
al jodido y puto colegio
para poder volver a casa.
Mierda,
ya es lunes
otra vez.
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