Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
Tumbado,
como dando paseos
por las curvas
de tu cuerpo,
dibujando letras
en el papel,
como esperando
a ser yo mismo,
a que entres por la puerta
y me dediques al menos,
un segundo de tu libertad
para poder volver a contemplar
cada curva,
cada lunar,
cada pestaña,
cada mechón de pelo rebelde.
Huele a primavera
en la cama de mi habitación
un sábado por la noche,
de cerveza caliente
y bolígrafo sin papel.
Vagando,
como viajando de nuevo
a donde siempre quise viajar,
a donde siempre quise estar.
Como Don Quijote
sin delirio
vagando por Castilla,
como Apolo sin lira
y viento que golpea
el gélido cristal.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
calientes
y sin dueña,
esperando a que vengas
a hacerme oro
entre tus dedos,
a comerme a besos,
a deleitarme con historias
tan bellas
como cualquier tragedia griega.
A que reanudes el compás,
a que trine el pájaro
mañana por la mañana,
a la rosa sin espinas
y al porro sin maría.
Escribiendo,
como si te dibujase
con palabras
y se me fuese
a acabar el papel.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario