lunes, 4 de julio de 2016

Si bien...

A menudo me pregunto que hago bien. Si sé bailar bien, si sé cantar bien, si sé tocar bien, pintar bien o afeitarme bien. A veces, me pregunto quien me enseñó a amar, a querer, a ser la pareja de alguien. A veces me pregunto si sé hacer algo bien.
A veces no sé si dibujar en blanco y negro o tocar una escala mayor, cálida y segura entre tus mantas pero siempre preguntándome si lo estaré haciendo bien. No sé tampoco si escribo bien, ni si quiera sé si mi letra es buena, si pienso bien, si siento bien.
Miro mi mesa y veo dibujos mal hechos, poemas de mierda para soñadores incomprendidos y por encima veo apuntes mal hechos, conocimiento que se escapa entre mis dedos, partituras que mis dedos no tocan bien, un librillo de canciones que no suenan bien.
Me miro en el espejo y veo confusión y libertad adornadas con un toque de parsimoniosa estupidez acompañando a un pringao que llora como si las lágrimas sanasen su inutilidad.
Resuenan gritos y llantos en eco interminable, desafinado y estridente, pensando si estará bien, si estaré bien, si hay algo que realmente esté bien. Si ni siquiera sé llorar bien.
Me he levantado está mañana y he notado que las flores ya no son de colores vivos y que los pájaros trinan en mi menor, me he dado cuenta de que el árbol hace tiempo que se fue, con sus verdes hojas. Quizás ahora esté bien.
Me siento insuficiente, ignorado, hundido, perdido, incomprendido y presionado. Incluso fuera de territorio hostil me siento bajo presión, pensando si estaré actuando bien, pero claro, que se me da bien...
 No sé como expresarme, donde expresarme, a quien expresarme, no sé si soy yo o eres tu, ellos, nosotros o el calor de julio, que abrasa mi conciencia dormida que espera a salir volando de aquí y que no tenga que sentirse como se siente.
Ya no hay paracetamoles en forma de poesía, ni flores en mi balcón, ya no hay inspiración que me ilumine para escribir, sabiendo que aunque esté escribiendo no sé si lo estoy haciendo bien.
Me toca decidir entre yo y yo.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Investidura.

Solo sé que estoy improvisando en el papel, fluyendo con la música, y he decidido rebelarme contra mi tiranía a ritmo del tempo, despacio, intenso, soy tiempo hecho oro, contando, mis cenizas vienen y van como el humo denso, que se escapa de mi boca como sintiendo el universo, volando en mi avioneta y jugando con los pájaros en el chemtrail, escapando de mis cadenas y cogiendo la llave del movimiento.
Decirle adiós al sentimiento del fracaso, eliminando miedos del mi yo, poético, extenso, despacio. Despacio y con espacio, sentirlo lento, renaciendo. Y digo basta, seguir en lucha con mi hastío, renovar la motivación, torcer las manecillas del reloj. Oro puro, tiro al plato, grito en alto, revelarme y controlar el movimientos de las nubes, que fluyen en mi entorno.
Cojo mi avioneta y me despido, como he venido, fluyendo con la música, volando libre, siendo el amo de mi destino, desoyendo el reloj, aislado de los problemas, nueva era.

jueves, 25 de febrero de 2016

El árbol del jardín.

Echo de menos
verte desde
el sofá,
crecer fuerte
y libre.

Echo de menos
sentarme contigo
y contarte
el porqué de mi vacío.

Echo de menos
tus verdes hojas,
tu tronco delgado
pero robusto.
Echo de menos
a las avispas
de tu copa
y recoger
tus hojas
en invierno.

Te echo de menos.

Te hecho de menos
porque me escuchabas,
porque me has visto crecer,
reír, llorar, maldecir y gritar,
ser feliz, triste y me has visto volar
aunque yo nunca haya sido pájaro
que bate sus alas en slow-mo
alejándose de todo.

Echo de menos
tu sombra en verano
y tus ramas desnudas
cuando tenían que estarlo.

Y ahora,
miro por el cristal
y no esta tu tronco,
ni hay hojas en el suelo,
ni hay avispas revoloteando.
Ahora no hay pájaros
que canten en sol mayor
ni color en mi jardín.

A veces pienso,
que mi vida
sin tí,
está más que vacía,
que cuando te fuiste,
me arrancaron
un trozo de mi.

No hay nada
ni nadie
que me escuche
como tú,
que me ayude
como tú,
que me llene,
como tú.

Te echo de menos.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Slow life.

Vuelo en una nube, siento como fluye el universo, oyendo a cada pájaro trinar, analizando, analizándome por dentro, como lo que nunca fui ni seré, tecleando, mecanografiando el tic-tac del reloj que pasa sin más en este ir y venir de autobuses, besos, libros y gritos. Sentirme libre, sentir el movimiento de tu cuerpo, ver la luna y volver al principio de mi existencia.
Siento conexión, oigo el ruido del cosmos, vida lenta, fluir despacio el cuatro por cuatro, con accelerandos, sentir, febrero y seguimos aquí, borrando los miedos que una vez fini, volando sin fin.
Siento que por más que quiero, no fluyen las letras en el teclado, aunque todo sea motivo para escribir, pero siento que me estoy consumiendo cada vez más lento y fluyo lento, como suspendido en el espacio. Diciembre, un año, unos cuantos meses y toda una vida de recuerdos y sensaciones que nunca olvidaré, reconstruyéndome, esperando que el verano me lleve.
No oigo más que gritos pero todo me resbala como empapado de opiniones y cosas sin importancia, salir de casa y sentir algo, cada vez distinto, humo, risas, puro movimiento que detiene mi combustión, congelando mi existencia y queriendo estar ahí para siempre, en tu burbuja, sintidiendome libre, sentado en la terraza, fumándome unos clenchs, viéndose las nubes mover, disfrutar de la vida como él. Encontrarme conmigo mismo y poder conocer y volar, poder volar libre de una vez.
Fluyo, es slow life, vida lenta, mente abierta. 

martes, 2 de febrero de 2016

Lo que sí y lo que no.

No me gusta cambiar las sábanas un triste domingo porque dejan de oler a ti, royendo el tejido como vieja polilla, escondiéndome del sol bajo tus sábanas, iluminado por las bombillas, fluye, exalando humo desde las costillas.
No me gusta cambiar las sábanas y que no huelan a ti, no me gusta la despedida forzada de «hay que irse pero me quedaba toda la eternidad», no me gusta cuando mis sábanas son neutras y me despierto y no estás, pero me gusta cerrar los ojos, volverlos a abrir e imaginar tus ojos marrones y tu sonrisita iluminada por el sol.
No me gustan mis sábanas recién puestas ni el tic-tac del reloj ni la alarma de las doce, me gusta cuando fluye, cuando me acaricias sin esperármelo, cuando pones cara que solo tu sabes poner, cuando ríes y me miras diciéndome que estoy ciego pero en verdad me miras como diciendo «hazme oro que el tiempo parpadea». Me gusta el mordisco de pizza carbonara acompañada de tu cuello, me gusta cuando me jadeas al lado, tu pelo enredado entre mis dedos y tus manos rasgueando las cuerdas de la guitarra con y sin timidez mientras hago como que no miro y mirarte, mirarte y que me digas que que hago y que me vuelvas a llamar ciego y sentir tu cálido aliento. Me gusta hacerte feliz, que me entiendas y me quieras.

Pero lo que no me gusta es cambiar las sábanas un domingo por la tarde.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Te pillo dos.

Siento libre el aleteo, viajando intenso con ramo sin soltarlo, volando alto como pájaro descarado sin balcón. De fumadón por el Salvador, perdido entre guitarras y tu voz, enredado entre tu pelo rojo de destiempo, a corto plazo, perdido entre tus besos y aterrizando por tu cuello. No sé que escribo cuando viajo por el mundo sentado en mi sillón, sintiendo conexión, escribo mierda de fumado sin sentido alguno para tu imaginación, soy superior, juego con tu mente sin mover ni un dedo, imaginándome en tu cama sin salir para la cena, almejas, salchichas de Viena. Quiero meterme, revolverme y desparecer entre tus sábanas, recibiendo melodías psicodélicas y un filtro de color morado y verde, espirales críticas, te pillo dos, bajando por tu tripa y marcando el tempo, parando el tiempo. Voy sin director perdiendome en el directo, sin tener espacio, comiendo gritos a diario, desayunando apio y naranjas ácidas, como tu lengua insípida, naranja, verde y azul, tan bello como tú. 
Back to roots, vuelve de mus, ¿tienes póker tú? Surcando el cielo azul, vacilando de camisa con una sonrisa, grindando yerba sin ninguna prisa, creativa, sensitiva, transmitiendo vibra positiva. 
Quiero meterme, revolverme y desparecer entre tus sábanas, comerte a besos de forma insana, el tiempo se para.

martes, 8 de diciembre de 2015

Las lunas de Júpiter.

Me persiguen gritos en el espacio, destruyendo las leyes físicas, atravesando el silencio sideral que fluye en mi mente, penetrando en la cápsula desde la que veo la Tierra, sintiéndome Yuri, sintiéndome huir. Llueve y aguanto mientras hay una mano que me dice escápate, mereces vivir, mereces irte fuera de aquí, hay que ser feliz.
Provoco otra burbuja en la que todo me da igual y en la puerta pone Júpiter, no apto para terrícolas que no fluyan con el universo. Plantas marchitas en mi balcón como arracándome el alma día a día, con la rutina proyectada en un filtro de constelaciones donde suena Erik Urano a todo volumen mientras fluyo dejando de lado absolutamente todo.
Eh, el ritmo varió de intensidad, todo da igual, acordes morados que vienen y van en el vacío sideral.
Apenas me he acoplado a la estación y vuelvo a oír gritos de «Houston, tenemos un problema» y yo no quiero saber nada de vuestras movidas económicas, de vuestras mentiras paternalistas y vuestros consejos del siglo pasado y fluyo, fluyo solo, vagando como Laika sin ton y con son, fluyendo con acordes neutros, grises, universo negro, nubes de humo que curan el cáncer de mi soledad y me hacen vivir. Me dice, préndete otro y hazte oro, vuela como un pájaro aunque solo sea por un momento. De Kore a Calirroe y de Metis a Tebe, pasando por Saturno y el compás es cuatro por cuatro, va, respirando terapia, escapándome del mundo real.
Eh, el ritmo varió de intensidad, todo da igual, acordes morados que vienen y van en el vacío sideral.
El hielo se transforma en ocre, parques, humo, mugre, me duermo y no levanto, escucahndo gritos a todas horas sin descanso, como muriendo. Puro frío y en mi mundo nunca fue verano, me dicen chico porque escribes si puedes irte de aquí, I wish I could fly.
Solamente déjate llevar, fluye y haz que tu yo interior vuele a donde quieras ir, sin ninguna presión, fluyes, vuelas, escapas, dejas este mundo y quizás no quieras volver. Déjame escapar escurriéndome en tus labios. no hay gritos, todo es silencio en mi interior. Ideas claras, mente abierta y retransmitiendo con intensidad. En mis cascos suena Asteroid y los robots ya no sonríen mientras observo el Big Bang y escapo de mi rutina vital en un mar de coloridas explosiones. 
El ritmo varió de intensidad, todo da igual, acordes morados que vienen y van en el espacio sideral, acelerando el compás, destruyendo negatividad, vete de aquí y déjame en paz.