domingo, 29 de mayo de 2022

La ruta de la seda

Como si de suntuosa tela traída de la ruta de la seda se tratase, mis vestiduras rozan mi piel desnuda provocando una sensación similar a la visualización del tobillo de una cortesana medieval empapada hasta las trancas por el juego del fino amor. Ese justo momento cuando mis dedos recorren la infinita espalda de mi señora, en ese momento mi gozo es tal que ultrajaría al conde en favor del deseo y del amor. Es primavera y los monjes de parroquia, estudiantes y quizás no tan devotos se echan a los caminos y a las taberna. Como trovador que soy, me uno a ellos en la refriega cantinesca mientras cantamos canciones con estribillos fáciles de recordar. Y entre tanto cantar, hago contacto visual con dos perlas de alta calidad y de una belleza sin igual. Caí presa de su hechizo al instante. Estaba tan preso que mis labios dejaron de entonar "in taberna cuando summus" y quedaron entreabiertos, como la puerta de la alcoba. Más fue mi sorpresa que, de entre toda la multitud, aquella que destacaba era portadora de trigo por pelo, siendo este áspero pero confortable, deslumbrante y cálido, ay señora mía, es la damas más bonita que jamás estas manos han escrito sobre cosa igual.

El calor de la cama y de nuestros cuerpos acelera mi apostasía, renunciando a todo cielo si para ello tengo que no unirme carnalmente a mi señora. 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

El enredo del trigo.

 -I-

Remover la tierra, hacer surcos de los que germinen las semillas que se plantan. Los campos de trigo aún no están listos pues acaban de ser concebidos. Desde marzo a finales del otoño,  todavía queda tiempo para que sus raíces crezcan fuertes: sin enredarse unas con otras, con confianza, con mesura y con mucho amor humano. 


-II-

Mediados de junio y los tallos empiezan a asomar. Regados con el agua abundante que localizan los ojos humanos y que han conseguido transportar con sus manos. Quien sabe cuando terminarán de florecer estas plantas de trigo, alegóricamente alegóricas; puede ser que se estén tomando su tiempo para dar los mejores frutos que jamás vio el hombre desde la época dorada del granero de Roma. 


-III- 

Entremedias, y a esperas de la cosecha, las manos del escribano registran el proceso, ahumado en el aceite de la lámpara y, distraído con las letras y las plantas, acaricia delicadamente la tierra para refrescar el olor de la misma. Pero ese olor no quedará escrito en papel, mas sí se guardará como una evocación en la biblioteca cerebral. 


-IV-

Acabando el mes de julio los brotes se van formando fuertes y estables, preparados para dar un producto de calidad y multipropósito. Esperemos que siga así, sin perder fuerza para que sean altos, estéticos y con mucho fruto. Rezando todo lo que sé para que así sea. 


-V-

Está llegando el final del verano y se acerca el momento de recoger la cosecha. Sin embargo, las tormentas de verano amenazan con destruirlas. He querido poner un toldo, algo que proteja estos campos de trigo que de la noche a la mañana se han convertido en algo tan preciado para mi. Quisiera poder reutilizar el fruto para sembrar más y poder disfrutar, a ser posible durante mucho tiempo más, del enredo del trigo entre mis dedos. 


-VI-

Al final, en agosto, la cosecha ha sido todo un éxito y los campos de trigo seguirán creciendo fuertes y sanos mientras ellos quieran y el tiempo así lo permita. Muchas vivencias, algunas nuevas, otras no tanto pero igual de buenas. Lo importante es plantar con cariño para tener lo mejor que jamás se haya visto. La cosecha fue un éxito y podré revivir la sensación del enredo del trigo entre mis manos muchas veces más.

martes, 8 de junio de 2021

Tobar clus.

Resquicios de la dulce brisa quedan impregnados en mis cabellos aún sin lavar. La misma brisa que con los últimos esfuerzos, termina de secar las flores de primavera. Es la dulce brisa esa que trae las tormentas del 40 de mayo, la que revolotea por mi oreja apoyada en el cabecero de la cama. Pasado mañana es 40 de mayo y como dice el refrán, podremos quitarnos el sayo. Quien pudiera oír la dulce brisa que con un soplido levanta el tupido velo de color floral pero a su vez, deja paso a la tranquilidad y goce estival. 


Ahora que puedo jugar a ser Marcabrú y trobar clus, puedo jurar por Dios que daría hasta dos maravedís por un ramo de margaritas para entregarlas en señal de la alegría y amor que me golpean en el pecho. El verano, amarillo, como los campos de trigo ha llegado, por Dios, no queremos que se vaya. Los animales acechan en los bordes de los caminos y las tabernas están llenas de vino blanco y mininos. Ahora que podemos jugar a trobar difícil, escondiendo las alegorías y las referencias, es mucho más divertido. 


No me vale solo la dulce brisa para contentarme. Siempre el tiempo vuela con ella, fugazmente, y me deja relamiéndome los labios que saben a ese cálida y reconfortante taza de té. Tampoco me vale entrar en la habitación y contemplar su cuerpo a la luz de la lámpara, ¡pues por el rey Ricardo! Se me acaba el tiempo y de su excelente conversación no he disfrutado. Me pregunto cómo será oír cantar al verano. Me pregunto como se puede calmar esta sed que me da, pues aunque beba de todo el agua del flevit super illam en un cáliz de oro en el monte de los Olivos, no cesa. Siempre estoy sediento del calor que arrastra la dulce brisa veraniega. 


El jolgorio nocturno se ha abalanzado sobre mí mientras escribía estos versos, cerrados a la par que abiertos. Me ha alcanzado como nos alcanzó esa noche en el que el tiempo, aunque detenido, pasaba volando. Lo que no pasa nunca es las ganas de cantar algún estribillo o de contar historias de fuegos azules y personajes legendarios. En la velada previa a pasar de ser un entendedor a un drutz más afortunado y rico que Mansa Musa, me deleito componiendo palabras seguidas con una elocuencia propia de ti y de mi, esperando a volver a disfrutar de ese momento en el que se haga de día y la luz del sol me inunde como a los barcos cruzados rumbo a Tiro.


Hoy estoy escribiendo esto porque tengo la ventana de mi habitación cerrada. Echo de menos la sensación de estar envuelto en esa brisa que hace que los bosques se aclaren. Es lo divertido de esta trama: la incertidumbre de si serán leídas estas mis líneas; la vergüenza de ser descubierto en el arrebato juglaresco y la emoción de cobrar recompensa de mi amada en besos. Jugando a ser Marcabrú en mis prácticas de feudalismo particulares, he encontrado una forma de dar dinamismo a mi mismo. Jugando a trobar clus, quedan como un libro abierto estos mis versos. Escondiendo juegos sin guardar secretos.

martes, 25 de mayo de 2021

Trama elocutiva.

He descubierto que me siento como el conde de Haro en Tordesillas. Enfrascado en una reunión donde la trama elocutiva sesea como la serpiente, acechante, pero también ondea dulce como la miel. Ambos bandos intercambian palabras, cartas, y opiniones buscando unos objetivos que a simple vista, son los mismos. Me siento como Pedro Fernández de Velasco, primer conde de Haro, porque estoy atrapado dentro del juego. Soy parte de él. Lo único que en esta ocasión no se trata de una competición, ni hacer valer tus objetivos y opinión, sino de avanzar de forma común hacia un bien que, además de común, es total y completo.

Escuchándonos, hablándonos y mirando el atardecer en un merendero del siglo XXI me doy cuenta que ahora nuestra elocuencia ha sobrepasado las palabras y pasan al lugar de donde estas salen. Nuestras afiladas lenguas y nuestros habilidosos labios disfrutan de los intercambios fugaces, llenos de pequeños estímulos que se acumulan y forman algo más grande. El torbellino arrastra el serpenteo de la lengua a las manos y estas, forman parte del discurso de la negociación. La delicadeza con la que nuestros dedos se arrastran por nuestros cuerpos hasta juntarse llegando a esa buena e honesta amistança que anhelaba el conde de Haro como gestor de tal importante vista. Sabemos que queremos llevar la oratoria de nuestras proposiciones a otro nivel pero, tal y como ocurrió en 1439: las cosas de palacio, van despacio.

Nuestras fablas son como los caminos medievales, quieren ir del punto A al punto B pero pasan de forma inevitable por el punto C. Sin embargo, esto no nos retrasa en la conclusión de estas charlas como si lo hizo Rodrigo de Villandrando, quien generó una ruptura de las entrevistas en Tordesillas. Tenemos todo el tiempo del mundo, hoy estamos aquí, mañana estaremos allá, pero para pasado mañana no tenemos planes. Y eso hace que todo este intercambio vaya sobre seguro, pero no del rey, sino de ambos bandos. El entorno de estas negociaciones también ha sido asegurado de cualquier bolliçio y de cualquier mala arte, machinaçión e mal engaño. Porque ninguna de las dos ha venido ha hacer daño, sino a explorar, identificarse, aprender y disfrutar. 

Atardece de forma inminente y el frío se apodera de nuestros cuerpos. Acurrucadas, pasamos un buen rato como cuando los participantes de la reunión de 1439 se retiraban después de comer a tomar vino y especias. El nivel de nuestro registro elocutivo ha bajado tanto que ha alcanzado el semi-silencio, sin que este llegue a resultar incómodo. Disfrutar de la compañía, del tacto de tu pelo y la suavidad de tus labios también forma parte de todo este entramado del lenguaje. No nos corre prisa en absolutamente nada, ni siquiera en terminar de cerrar todo el torrente de sentimientos primarios a los que nos remite el juego de besarnos. Fiamos la una de la otra como los grandes nobles lo hicieron con el Buen conde de Haro.

Reincidiendo en el picante juego de las lenguas que vienen y van, se nos escapan algunas risitas como señal de disfrute. Unas cuantas caricias. Un par de sonrisas sinceras. Llevar a comisión el debate en las mesitas y despedirnos después con un beso. He escondido un pequeño juego en estas líneas como muestra de que la trama elocutiva sigue adelante. Realmente me siento como el conde de Haro, atrapado en en varios registros elocutivos. No, realmente me siento mucho mejor.

lunes, 10 de mayo de 2021

Mi señora se ha ido.

Es posible que los ecos del invierno hayan llegado a sus últimos rebotes. Por dentro me siento frío, calado hasta los huesos, pero la primavera está tomando forma y cada vez más se acercan los vientos cálidos del verano.

Ya no estás, pero tampoco tengo claro si me hace falta. Ya no estás, pero la tierra se sigue moviendo en torno al sol. Yo he sido pasivo en el cambio y esperar en casa ha tenido su recompensa. Los capullos de las flores se empiezan a abrir tímidamente en la linde del castillo. Mi señora dejó las tierras para ir a visitar una corte al otro lado del charco. No es una corte muy rica, tampoco es de una belleza singular, pero supongo que a ella le llena. Es mejor que deje de conjugar palabras en su honor, pues parece que no va a regresar. Yo solo soy un siervo que cultiva sus campos y recibe de ellos sus cosechas. Es primavera y tiempo de recoger el grano. Quizás Jorge Drexler, aunque unos cuantos siglos más tarde, si tenía razón y tengo el fruto. Esto no tiene pinta de un adiós, pero sí quizás de un punto y aparte. El dolor de labrar el campo, las enfermedades virulentas y el autoflagelamiento en nombre de Dios cada vez es menos. Es hora de ir a la iglesia, comulgar, reír, beber y disfrutar, pues al menos, tenemos que comer. Mi señora se ha ido, y yo que había organizado un banquete en su honor. Pero el banquete es una oportunidad de quizás, conocer a la persona que quiera acompañarme para labrar mi tierra y yo, tendría que devolverle el favor, ayudando a labrar la suya. Codo con codo. Aprender cosas nuevas. Desarrollar nuevos sistemas. Corregir los procedimientos ponzoñosos y evitar esparcir sal en los campos. 

Mi señora se ha ido a una corte extranjera en pleno florecer primaveral. Una pena.   

lunes, 5 de abril de 2021

Hot pot.

 Hace apenas unos días que llegó la primavera y yo sigo con mallas y dos térmicas debajo de la ropa. Ha llegado la primavera pero el frío del invierno ha calado hasta los huesos. Ya no sé si sentirme bien, mal o pasar de todo lo que me viene a la cabeza. Quiero gritar, llorar, estar mal y salir corriendo. Pero también quiero esperar, reír, estar bien y quedarme sentado. Sentado a que de una vez por todas, el fuego de la chimenea empiece a tirar, resquebrajando cada astilla y consumiendo hasta el más mísero trozo de los troncos. Notar el calor, el regocijo de una sopa de ajo, reconfortante pero seco. Quiero sentarme a esperar a que te sientes a comer, pero tampoco quiero esperarte. Quiero bañar los fideos en el caldo picante pero también quiero probar los rollitos de primavera y terminar con un buñuelo de viento veraniego. Reestructurar el menú para que disfrutemos cada bocado y cada sorbo de la tsingtao bien fría. Pero se me han roto los palillos y es un restaurante chino para chinos. "Come solo con uno". Cómo voy a comer solo con un fideo algo que requiere dos. Quizás la clave sea en usar un tenedor.

La primavera ha llegado pero no está caliente. Es como la dualidad del antiguo Egipto, húmedo-seco, como dos puntos equidistantes en la base de un triángulo. Abandonarme a la escritura, la meditación y la medicación que la vida me ofrece. Quizás sí deba esperar a que se enfríe la comida. O quizás deba abrasarme las papilas gustativas. Debería coger chaqueta, o tal vez debería no ponerme las mallas. Seguro que hace calor...o tal vez no.

domingo, 14 de marzo de 2021

Boxeo

 Estoy en tu cama sin ti y tu olor inunda mis fosas nasales. Hundo la nariz en la almohada. Cojo aire. Y me vengo abajo. Todo el trabajo, tan duro y constante, se ha desplomado en un instante, en un momento de guardia baja el croché ha golpeado el mentón izquierdo. Me recompongo y vuelvo al ring. Un directo. Mientras me aclaro las ideas y refresco mi boca, oigo a un tío decir algo en la grada. Voy perdiendo y el lo sabe, lo deja caer y evita mirarme. Sabe que está metiendo el dedo en la llaga.

Se acaba el tiempo muerto y no me queda más opción que volver a pelear. Forjeceamos y esquivamos golpes, patadas e incluso mordiscos. Un momento se detiene ante mi. Me va a dar. Voy a caer desmayado. Justo en ese instante, indico al árbitro que me quiero retirar y abandono el cuadrilátero, el vestuario y el estadio.
Ahora que estoy en mi cama sin ti, después de haber estado en la tuya, hundo la nariz en la almohada y cojo aire. Pienso en retirarme del boxeo, pero también pienso en ganarlo todo. Es una bifurcación y ahí reside el problema. La dualidad y los griegos con sus íes. Después de haber olido tu perfume impregnado en la almohada en la que tantas veces he apoyado la cabeza, decido que no voy a sucumbir y voy a entrenar más duro para que, en la próxima pelea, no me derribe el muro.