Fluye la tinta
del bolígrafo
como baja
la cerveza
en la litrona.
Apestando la habitación
con versos desnudos,
inspiraciones y palabras,
con apenas ciento cuarenta
caracteres precisos.
Como esclavo
de tu genio,
sucio,
rastrero
y ladino.
Eludes mis preguntas
con versos ingeniosos
e ignoras mi ansia
de querer explorar
cada rincón de tu mente
con promesas de cerveza fría.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones.
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás algún día
podré apresarte
con la mirada
y encadenar
tus versos
a mi cuaderno.
Y tus labios
a mi bolígrafo.
Y tus manos
al papel.
Y pegar tus pies
al suelo con tinta
que apeste
a silencio
un sábado por la noche,
de helado de ira
y cuchara de lascivia.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás...
Que jadeo estrofas
y vomito tinta espumosa
cuando te pienso.
Que destruyo mundos
y rompo primaveras
cuando te escribo.
Que me mates
con tu mirada
y me entierres
con tus palabras
y tus fórmulas
matemáticas
que se yuxtaponen
en silencio,
como ninjas
del verso
y asesinos
de paracetamol
y filosofía barata.
Que apesta la cerveza
cuando te espero.
Que fluye la tinta
cuando te espero.
Que se acaba el papel
cuando te espero.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones.
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás...
-----------
@hadesishere
jueves, 19 de marzo de 2015
domingo, 15 de marzo de 2015
Cerveza húmeda.
Que no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
Ni tampoco esos
treinta y no sé cuantos
porros de maría.
Que ahora que se acerca
la brillante primavera,
se nota la aridez de mi cuerpo,
al que le falta tu humedad.
Esos días bellos de frío y lluvia
en los que nos quisimos de verdad,
cuando recogí, gota por gota,
todo ese cariño que derramaste
en el árido desierto de mi piel.
Y ahora que tu ausencia duele
y el lago se ha convertido en pantano,
lleno de fango y camino de la desertización,
vago por el papel buscando
la papela y el tapón de la litrona
para fertilizar de nuevo
los campos de mi cuerpo.
Y corre la tinta del bolígrafo,
como buscándote entre algún trueno
que sea inesperado e intenso
y que me lleve de nuevo
al frondoso mar de tu pelo.
Buscando las cuerdas
de mi guitarra
a no sé cuantos grados,
por la noche y sin luz
para volver a dedicarte
otra melodía cualquiera,
a solas tu, yo y mi conciencia.
Que cuando te recuerdo,
sonrío aunque duela
y me doy cuenta de que
no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
Ni tampoco esos
treinta y no sé cuantos
porros de maría.
Que ahora que se acerca
la brillante primavera,
se nota la aridez de mi cuerpo,
al que le falta tu humedad.
Esos días bellos de frío y lluvia
en los que nos quisimos de verdad,
cuando recogí, gota por gota,
todo ese cariño que derramaste
en el árido desierto de mi piel.
Y ahora que tu ausencia duele
y el lago se ha convertido en pantano,
lleno de fango y camino de la desertización,
vago por el papel buscando
la papela y el tapón de la litrona
para fertilizar de nuevo
los campos de mi cuerpo.
Y corre la tinta del bolígrafo,
como buscándote entre algún trueno
que sea inesperado e intenso
y que me lleve de nuevo
al frondoso mar de tu pelo.
Buscando las cuerdas
de mi guitarra
a no sé cuantos grados,
por la noche y sin luz
para volver a dedicarte
otra melodía cualquiera,
a solas tu, yo y mi conciencia.
Que cuando te recuerdo,
sonrío aunque duela
y me doy cuenta de que
no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
viernes, 6 de marzo de 2015
De lunes a lunes.
Claustrofobia.
Silencio.
Doy vueltas
en círculo
sin saber
que hacer,
ni a donde ir
y sin saber quien soy.
Pasan las inevitables
horas de la tarde
y tengo la guitarra
delante.
Y no puedo tocar,
ni puedo cantar,
ni puedo gritar,
ni tan si quiera
puedo soñar.
Se me pasan
lentas las horas
dentro de esta
habitación,
esperando a que
sea mañana,
para que sea
el día siguiente,
y el siguiente.
Y así hasta el lunes.
Y vuelta a empezar.
Estar en el colegio
desrando llegar a casa
y estar en casa
deseando volver a ir
al jodido y puto colegio
para poder volver a casa.
Mierda,
ya es lunes
otra vez.
domingo, 1 de marzo de 2015
Ellas y tú.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
Tumbado,
como dando paseos
por las curvas
de tu cuerpo,
dibujando letras
en el papel,
como esperando
a ser yo mismo,
a que entres por la puerta
y me dediques al menos,
un segundo de tu libertad
para poder volver a contemplar
cada curva,
cada lunar,
cada pestaña,
cada mechón de pelo rebelde.
Huele a primavera
en la cama de mi habitación
un sábado por la noche,
de cerveza caliente
y bolígrafo sin papel.
Vagando,
como viajando de nuevo
a donde siempre quise viajar,
a donde siempre quise estar.
Como Don Quijote
sin delirio
vagando por Castilla,
como Apolo sin lira
y viento que golpea
el gélido cristal.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
calientes
y sin dueña,
esperando a que vengas
a hacerme oro
entre tus dedos,
a comerme a besos,
a deleitarme con historias
tan bellas
como cualquier tragedia griega.
A que reanudes el compás,
a que trine el pájaro
mañana por la mañana,
a la rosa sin espinas
y al porro sin maría.
Escribiendo,
como si te dibujase
con palabras
y se me fuese
a acabar el papel.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
Tumbado,
como dando paseos
por las curvas
de tu cuerpo,
dibujando letras
en el papel,
como esperando
a ser yo mismo,
a que entres por la puerta
y me dediques al menos,
un segundo de tu libertad
para poder volver a contemplar
cada curva,
cada lunar,
cada pestaña,
cada mechón de pelo rebelde.
Huele a primavera
en la cama de mi habitación
un sábado por la noche,
de cerveza caliente
y bolígrafo sin papel.
Vagando,
como viajando de nuevo
a donde siempre quise viajar,
a donde siempre quise estar.
Como Don Quijote
sin delirio
vagando por Castilla,
como Apolo sin lira
y viento que golpea
el gélido cristal.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
calientes
y sin dueña,
esperando a que vengas
a hacerme oro
entre tus dedos,
a comerme a besos,
a deleitarme con historias
tan bellas
como cualquier tragedia griega.
A que reanudes el compás,
a que trine el pájaro
mañana por la mañana,
a la rosa sin espinas
y al porro sin maría.
Escribiendo,
como si te dibujase
con palabras
y se me fuese
a acabar el papel.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
miércoles, 25 de febrero de 2015
El trazo de la palabra.
Me apetece tanto
dibujarte
que como no sé,
a veces te escribo
y a veces te dibujo
con palabras.
Cada mechón de pelo,
cada lunar de tu cara,
cada una de tus pestañas,
cada fisura de tus labios
cortados por el frío,
cada una de las curvas
de tu hermoso cuerpo,
cada recuerdo...
Quisiera saber dibujar
para no llorar
mientras te escribo
un lunes por la tarde,
de café tardío
y viento huracanado
contra el cristal.
Pero no sé dibujar.
Y como el bolígrafo
solo traza palabras,
palabras que son
cada trazo del dibujo,
te escribo dibujándote
con cada adjetivo,
con cada sustantivo,
con cada verbo.
dibujarte
que como no sé,
a veces te escribo
y a veces te dibujo
con palabras.
cada lunar de tu cara,
cada una de tus pestañas,
cada fisura de tus labios
cortados por el frío,
cada una de las curvas
de tu hermoso cuerpo,
cada recuerdo...
para no llorar
mientras te escribo
un lunes por la tarde,
de café tardío
y viento huracanado
contra el cristal.
solo traza palabras,
palabras que son
cada trazo del dibujo,
te escribo dibujándote
con cada adjetivo,
con cada sustantivo,
con cada verbo.
martes, 13 de enero de 2015
Ruido II.
Noto a mi corazón
palpitar como
si fuera
la última vez.
Oigo ruido.
Mucho ruido.
Oigo ruido
en el parque,
en casa,
en el libro,
en la herida,
en el porro,
en la cerveza,
en el polvo,
hasta en la cancha
de baloncesto
una tarde de enero
a dos grados bajo cero.
Hasta mi guitarra
crea ruido,
mientras palpita
mi corazón
y el compás
se acelera,
la blanca
se vuelve
negra
y la corchea,
semifusa.
Hasta que llega
el silencio.
Un compás.
Dos compases.
Cinco compases...
Y una anacrusa.
Me falla la respiración
y vuelve de nuevo el ruido,
con sincopas traicioneras
y tresillos descarados
que se ríen del dos por cuatro
como diciendo «vete y no vuelvas»,
como quien se emborracha un martes,
como si quemara la batuta
y como arden los dedos cuando
golpean súbitamente las cuerdas
una tarde de enero.
Y de nuevo
arden cosas
en la casa.
Si es que,
ahora,
hasta la pieza
suena piano
y ni la caliente
chimenea del salón
consigue poner paz
en mi interior.
Estoy mirando
las partituras
en mi habitación
y de repente,
vuelve el ruido,
vuelve el grito,
el enfado,
la rabia,
el «te quiero»,
vuelve la sombra,
la gracia,
la herida,
la música,
el hachís,
la lascivia,
el orgasmo,
el vacío,
la lágrima,
el crescendo,
la doble barra
y el da capo
al fine
que no acaba.
Y noto a mi corazón
palpitar como
si fuera, quizás,
la última vez.
palpitar como
si fuera
la última vez.
Oigo ruido.
Mucho ruido.
Oigo ruido
en el parque,
en casa,
en el libro,
en la herida,
en el porro,
en la cerveza,
en el polvo,
hasta en la cancha
de baloncesto
una tarde de enero
a dos grados bajo cero.
Hasta mi guitarra
crea ruido,
mientras palpita
mi corazón
y el compás
se acelera,
la blanca
se vuelve
negra
y la corchea,
semifusa.
Hasta que llega
el silencio.
Un compás.
Dos compases.
Cinco compases...
Y una anacrusa.
Me falla la respiración
y vuelve de nuevo el ruido,
con sincopas traicioneras
y tresillos descarados
que se ríen del dos por cuatro
como diciendo «vete y no vuelvas»,
como quien se emborracha un martes,
como si quemara la batuta
y como arden los dedos cuando
golpean súbitamente las cuerdas
una tarde de enero.
Y de nuevo
arden cosas
en la casa.
Si es que,
ahora,
hasta la pieza
suena piano
y ni la caliente
chimenea del salón
consigue poner paz
en mi interior.
Estoy mirando
las partituras
en mi habitación
y de repente,
vuelve el ruido,
vuelve el grito,
el enfado,
la rabia,
el «te quiero»,
vuelve la sombra,
la gracia,
la herida,
la música,
el hachís,
la lascivia,
el orgasmo,
el vacío,
la lágrima,
el crescendo,
la doble barra
y el da capo
al fine
que no acaba.
Y noto a mi corazón
palpitar como
si fuera, quizás,
la última vez.
domingo, 11 de enero de 2015
Infierno.
¿Como saber
si estamos
en el cielo
o en el infierno?
Creencia que ciega
a hombres y mujeres.
Lecciones de moral
basadas en alguien
que no existe.
Censura.
Tradición.
Fanatismo.
Tortura.
¿Qué no?
¿Cuantos muertos
en nombre de Dios?
Personas enfrentadas
por dos maneras
de creer en un ente
inexistente, que es bueno,
pero permite el mal,
permite las guerras,
el hambre,
la miseria,
la enfermedad...
Sucio negocio
de poderosos
que ofusca al pueblo
ofreciendo salvación.
Sustento del patriacardo,
es el sexo débil
el que lleva burka
o el que limpia la cocina.
El santo padre nos dice
como hay que follar
pero infectados en África
solo tienen su credo como
única salvación.
Viven entre lujos
y riquezas
mientras contemplan
impasivos la miseria.
Vándalos hipócritas,
obstaculos para la humanidad.
Solo imaginad
que Dios
jamás venció.
si estamos
en el cielo
o en el infierno?
Creencia que ciega
a hombres y mujeres.
Lecciones de moral
basadas en alguien
que no existe.
Censura.
Fanatismo.
Tortura.
¿Qué no?
¿Cuantos muertos
en nombre de Dios?
Personas enfrentadas
por dos maneras
de creer en un ente
inexistente, que es bueno,
pero permite el mal,
permite las guerras,
el hambre,
la miseria,
la enfermedad...
Sucio negocio
de poderosos
que ofusca al pueblo
ofreciendo salvación.
Sustento del patriacardo,
es el sexo débil
el que lleva burka
o el que limpia la cocina.
El santo padre nos dice
como hay que follar
pero infectados en África
solo tienen su credo como
única salvación.
Viven entre lujos
y riquezas
mientras contemplan
impasivos la miseria.
Vándalos hipócritas,
obstaculos para la humanidad.
Solo imaginad
que Dios
jamás venció.
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