viernes, 16 de febrero de 2018

Equinoccio.

El invierno se aleja con paso lento y pesado como un disco de Asteroid en mi reproductor, dejando atrás la tripa vacía y las manos frías, el congelamiento vital y la detención cerebral.
La nieve se funde poco a poco con los primeros rayos de sol de la primavera, dejando escuchar los tímidos silbidos de los pájaros jardineros, mañaneros y madrugadores. Adelantan la hora solar, el fin del letargo, como anunciando el resurgir de la inspiración gastada y podrida, olvidada en el desván del ya lo haré otro día y en la estantería del no soy suficientemente bueno.
La nieve se funde y deja entrever los tallos de las flores que están comenzando a crecer después de tanto tiempo escondidas bajo tierra. Tienen más tiempo para tomar el sol y yo puedo caminar por las anchas calles observando el estilo arquitectónico de los edificios y maquinando estructuras de aroma veraniego. Frescos y cálidos, como unas litros de domingo.
El invierno se marcha lentamente y suenan las trompetas del reino de la hoja en blanco y todo es júbilo y sentimientos a flor de piel, festejando el equinoccio de primavera con tinta fluyendo por todos lados. La nieve se funde y se puede caminar, el sol calienta y alienta el texto jocoso de verso rugoso.
El invierno se marcha poco a poco dejando días largos y muchos trazos.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Entre humo.

Entre humo diluyo mi dolor externo y no miento si pretendo cambiar el curso del universo con mis versos escritos bajo una densa nube de humo gris, hachís blando y denso aroma a tu pelo. Escribo sintiendo que esto es lo que quiero, sentirme libre y entero frente a un folio desmintiendo que cribo sueños de(mi)mente.

Entre humo viene y va, tu mirada y el azar de la historia, los hechos, inversos, tú eres Rusia y yo soy el Zar. Corrompido por la maldad de Dios, dar y tomar, quedó destituido por el diablo del verso superfluo atribuido a Satanás, acuchillando por detrás.

Entre humo diluyo pensamientos internos, debatiendo sobre el bien y el mal, el aquí o el allá. Estoy en una cruzada contra mi mismo, soy el moro judío que vive con los cristianos, no sé que Dios es el mío pero solo pienso en escribir para calmar, escribir para escapar del hastío. 

Entre humo, se me está yendo el cosmos, colorido, no lo distingo con claridad, suena la instrumental, quién diría que la vida es improvisar del principio hasta el final, que lo que prima son las estructuras que encontrarás en los versos de mente madura, llenando el papel con tinta china y rimas duras.

Entre humo vislumbro el final de la partida, se me han acabado todas las vidas y he vuelto a la guarida. Me arriesgué ayer y hoy estoy fumando buena mierd(a). 

Entre humo, en soledad y color verde que atreve a ver la creme broulé. El ruido envolvente atormentando el mar en calma, reposada y esposada; verde, vida

Ya no se que hacer, escribir para creer. 

Entre humo perdimos los dientes, entre humo saltamos del puente. Hay algo oscuro en los ojos de esa gente, déjalo todo como te lo encuentres.

lunes, 22 de mayo de 2017

Egepcticismo.

Escribo en primera persona, y me siento cómodo en la o, de colocón, como el que llevo ahora mismo, mientras escribo versos que riman hacia ninguna parte, miente al diapasón, soy un seísmo. 

No hago caso a los problemas que exasperan en la brecha y sin testa, reciben esta consecuencia, presencian mantanzas y se estrecha el vínculo, vinícolo, me limpio el culo con su moral maltercha. 

Sigo siendo trigo limpio pero a su dios maldigo. No soy mendigo de su bendición, ni de sus leyes, ni de su pasión, versión. Versionan el cuento que cuento calmado, difamando verdades como puños.

El coco, mucho coco come, coco come mucho coco, el coco es poco o nada, esta muerto, enterrado, momificado,  sustentando el egepticismo del pensamiento, es el gérmen de una cultura inmóvil. 

Eterno, como el alma de esas momias. Intenso, como el martillo que pesa sobre sus dogmas, perfilando mis versos y afeitando el pescuezo. 

Escribo en primera persona y me siento cómodo con la o, de colofón vacío de ideas plasmadas en papiro, le pego el ultimo tiro y me piro.

martes, 16 de mayo de 2017

Negro.

Ya estoy harto de tanto ruido y de tanto frenesí que vi en un intenso verso. Superfluo, que suprefluye bajo la atmosfera sin miedo de mis dedos que rechazan todo lo que escribo. No fluyen las líneas por el universo, que siento, desespera y con prisa, mi brisa, que azota el humo que genera sonrisa. Lisa, como la camisa que prendo, presto, cogiendo el mechero, en el abismo sin miedo, troceando los cuerpos, perfilando los versos, que beso, si no hay besos que conduzcan este gesto.

Vacío es el que llena el papel, que no es menester de su maestre, que contra la corriente, deja el verso candente, al dente para que tu boca lo mastique. No fluye si no estás, no fluye si te vas, como tampoco fluye cuando siento despertar. Necesito de fumar, de escribir, de llorar. De curar la mente que siente, prevalece, sin nadie que lo intente. Quiero explotar en el papel como lo haría un demente.
Consulto al papel, me dice ven, te cuido como nadie, que quieres, que sientes, que pretendes. Pretendo ser competente, sacarme a relucir y no caerme, consciente de que no fluye, intuye, matemáticas que confluyen y a hostias ellos deciden.

Ya no sé si estoy enfermo o soy eterno, si soy puro cemento, si soy cero o puro sentimiento que siente abalanzarse sobre el abismo del verso vacío que crea instinto, adverso, que superfluye en el momento, de la duda, paliada con rima dura y blanda droga, que es el verso del preso que se salta los puntos y se sobra con las comas. Sentado en la ventana, solo, como el desierto. Devastado como Roma y sin tierra como Juan diluyó pensamientos mientras mi peta se lo fuma el viento. Viento que no huele a primavera. Huele a otoño húmedo y días cortos, que confluyen con los años. Pensando, que será mañana de este invento, intento, remontar río arriba de cara al viento. 

Hoy estoy cuerdo, mañana pendo, no entiendo, aun así escribo, creciendo. No me detengo, no quiero cesar, acabar, terminar este fluir, que está por venir, que llegará hasta morir y quiero decir, que no renunciaré, ni aunque el otoño llegue, ni aunque las flores marchiten. No cesaré, llevaré a mi persona a lo más alto hasta perecer.


sábado, 10 de diciembre de 2016

¿Aun queda poesía?

Si apenas queda poesía
en el tintero.
Si apenas queda poesía
del mes de enero.
Apenas queda poesía 
que escribir
en el vaivén de la vida
que fluye como ella sola
deslizándose por tus pestañas
al son de cualquier música
pero amor, que mas da
si no queda poesía,
si tu eres poesía.
Para qué escribir,
si lo escribes todo tu.

Poesía aquí,
poesía allá
y yo solo veo gente
que viene y va,
que no se arrepiente,
que no le gusta pensar.

Miro la ventanilla del tren
y veo campo muerto,
esperando a ser verde
con ganas de que salga el sol.
Pero que más dará eso
si ya no queda más poesía.

Yo no soy de epítetos pedantes
ni de párrafos estridentes,
soy de sentarme en la ventana
y ver al pájaro en el albor
que trina y agita sus alas
pregonando que no queda poesía.

No queda poesía que escribir
pero si queda poesía que vivir.
Ahora se escribe en prosa
como te viene y como te va
me pregunto cuando llegará

Siempre esta bien preguntarse
si se acabó el verso superfluo
pero que más dará eso,
mientras nos queden las lineas
mientras haya tinta 
y haya lineas donde sueñe
y donde escape.

Que más da,
si se ha acabado la poesía,
la poesía soy yo.

viernes, 21 de octubre de 2016

Biografía de un pájaro escritor.

Me muevo en el un espectro gris sin techo, en ruinas y al atardecer, como romántico desposeído de sus ideales, como un viejo carcamal. Dioramas que se elevan muchos metros en lo alto que me impide ver lo que hay en la esquina derecha. Me siento pequeño, chiquito, estático, plagiado por mi mismo. Ya no sé que escribir, se me ha olvidado escribir, me siento encarcelado dentro del papel, sin poder fluir por las lineas, expresando que hoy no es ayer y que mañana empieza hoy. Siento que tanto café empieza a darle forma a unas ojeras góticas, hundidas, pasadas de moda. El mundo se torna gris cuando camino y nunca ha dejado de ser así, desde aquel primer poema fresco, inocente, románico que daría paso a toda una serie de letras que empezaban a catequizar un vestigio de nuevos colores en mi paleta de pintor poco hábil.
Y llegaron los nuevos atisbos de revolución, empezaban a calar mis ideas, empezaba a ser yo, pero en realidad estaba muy lejos de lo que creía estar empezando a ser y lo que era de verdad. Pasaron los años estables, grises, inviernos fríos, veranos largos y tediosos entre viajes a cualquier lugar y exámenes suspensos, presión por todos lados y una larga lista de poemas sin escribir. Hasta que por fin despegué, eché a volar sintiendo que nadie me podía para, sentía que estaba volando por fin, que conseguiría migrar a otro estadio, a otro yo. Pero acertaron y me dieron en el ala. Caí en picado y no hubo día sin llantos, ni pensamientos. No hubo un día sin letras empobrecidas por vídeos de torneos de poesía con la esperanza de que me enseñasen a exhibir todo lo que tenía dentro, no hubo nadie que no supiese lo que se me pasaba por la cabeza.
Pero las manecillas del reloj seguían avanzando ruinmente, sin piedad, sin dar ningún descanso y descubrí el amor libre. Y con la llegada de la selectividad, los nervios y la presión (que nunca cesó), volví a despegar muy alto, pero las alas aún estaban resentidas, desconfiadas. Y me volvieron a dar.
Y hoy, mi cabeza está tan henchida de ti que apenas tengo tiempo de escribir nada porque no lo necesito, porque me recogiste del suelo, hundido, acurrucado y con miedo, mucho miedo.
Me diste unas alas nuevas, un nuevo deseo de volar y desde el primer momento supe que debía volar junto a ti, debía emprender ese vuelo que llevaba esperando tanto tiempo, un vuelo libre, pleno de felicidad, pero un vuelo contigo.
Pero me he terminando convirtiendo en cazador, plato-pum. Y entre tiros a pulmón me he dado cuenta de que por alguna extraña razón que ni yo mismo acabo de comprender, te quería disparar perdigones en el centro de tus alas, te quería encadenar a mi pata.
Por eso, te doy las llaves, para que te deshagas de todas tus cadenas y te pido que aceptes que este viejo pájaro gris, que ha empezado a ver el mundo de colores, que ha dejado de lado un mundo gris de escalas menores, vuele contigo.
De aquí, a Brasil.

lunes, 4 de julio de 2016

Si bien...

A menudo me pregunto que hago bien. Si sé bailar bien, si sé cantar bien, si sé tocar bien, pintar bien o afeitarme bien. A veces, me pregunto quien me enseñó a amar, a querer, a ser la pareja de alguien. A veces me pregunto si sé hacer algo bien.
A veces no sé si dibujar en blanco y negro o tocar una escala mayor, cálida y segura entre tus mantas pero siempre preguntándome si lo estaré haciendo bien. No sé tampoco si escribo bien, ni si quiera sé si mi letra es buena, si pienso bien, si siento bien.
Miro mi mesa y veo dibujos mal hechos, poemas de mierda para soñadores incomprendidos y por encima veo apuntes mal hechos, conocimiento que se escapa entre mis dedos, partituras que mis dedos no tocan bien, un librillo de canciones que no suenan bien.
Me miro en el espejo y veo confusión y libertad adornadas con un toque de parsimoniosa estupidez acompañando a un pringao que llora como si las lágrimas sanasen su inutilidad.
Resuenan gritos y llantos en eco interminable, desafinado y estridente, pensando si estará bien, si estaré bien, si hay algo que realmente esté bien. Si ni siquiera sé llorar bien.
Me he levantado está mañana y he notado que las flores ya no son de colores vivos y que los pájaros trinan en mi menor, me he dado cuenta de que el árbol hace tiempo que se fue, con sus verdes hojas. Quizás ahora esté bien.
Me siento insuficiente, ignorado, hundido, perdido, incomprendido y presionado. Incluso fuera de territorio hostil me siento bajo presión, pensando si estaré actuando bien, pero claro, que se me da bien...
 No sé como expresarme, donde expresarme, a quien expresarme, no sé si soy yo o eres tu, ellos, nosotros o el calor de julio, que abrasa mi conciencia dormida que espera a salir volando de aquí y que no tenga que sentirse como se siente.
Ya no hay paracetamoles en forma de poesía, ni flores en mi balcón, ya no hay inspiración que me ilumine para escribir, sabiendo que aunque esté escribiendo no sé si lo estoy haciendo bien.
Me toca decidir entre yo y yo.