sábado, 26 de mayo de 2018

El pacto.

Se ha pasado la primavera en un suspiro con la asimilación de tu persona, rápida pero igualmente eficaz pues te has guardado en mi como si un pájaro desplumado se cállese en pleno vuelo. No sé trata de una batalla por ver quién resiste más, esto es simbiosis vital, invasión primaveral que hay en mi jardín gracias a las flores sin fín.
Van a llegar los vientos eternos y cálidos del verano pero aquí ya estamos preparados. Agarrar el coche en una línea recta, música en los altavoces y algún que otro peta para paliar los efectos del verano interminable que está a punto de comenzar. Pero da igual.
Da igual porque tú me acompañas, tus tropas vitales se apoyan en las mías y viceversa para combatir el paso del tiempo, sanando poco a poco, como lo que escribo, poco pero es porque estoy ocupado disfrutando y besándote todo. 
Se ha pasado la primavera en un suspiro pero aquí sigue y no se irá mientras no te vayas tu, porque las flores crecen lindas y los árboles bien fuertes, y la verdad, no tiene pinta de que la madre naturaleza venga a darles muerte.

lunes, 19 de marzo de 2018

Manifiesto Primaveral.

Su pelo brilla de forma desmedida con el reflejo del sol, dando vida, luz y calor a la más profundas de mis raíces, que se asientan fuertes para crecer de forma posterior firme y sólidamente. Sus dedos son las cosquillas, de comfort, se deslizan sobre mi cuerpo con la ternura que necesitan las flores para desarrollar los tallos, verdes y robustos.
Hace buen tiempo y se avecina el florecimiento cada vez más cerca, se está caldeando el ambiente para la fiesta primaveral que avanza cada vez más deprisa con la rotación terrestre y el característico deshielo del desengaño. 
La dictadura del Invierno está en las últimas, tras varios años de estadío implacable e inmovilismo, se está retirando lentamente, flaqueando, como un glaciar. Reacio, despacio y pesado, el hielo se funde, derretido por esa sonrisa irresistible, dulce, cálida y verdadera que proporciona una pura delicia visual para mis ojos, que alienta a las tropas de la Primavera y alimenta está pluma de tinta azul como sus cuencas, que se menea incesantemente en un intento clandestino de evadir la censura del régimen invernal renovado.
El periodo gélido permanece, eppur si muove. Se mueve mi corazón a mil por hora mientras sus labios derriten la densa capa de agua cristalizada, organizando la oposición al Invierno, que flaquea cada vez más, falto de refuerzos y carente de estructuras firmes y solventes que sustenten su mandato.
La Primavera ha llegado para quedarse. Estamos aquí para eso, para eso escribe mi mano sobre la libreta de los apuntes, repletos de grafías antiguas, transcripciones y nuevos sentimientos de plenitud.
Aquí llegan los atisbos de la Revolución Primaveral. No temáis, no lloréis, no sufráis pues han venido para quedarse y con su ayuda, haremos al Invierno perecer.

sábado, 3 de marzo de 2018

Avalon.

Como si de una manzana ácida, verde y ponzoñosa se tratase, suturan puntos de costura sin estar a la altura de las circunstancias. El árbol de la vida, fuerte y de tronco ancho crece en la isla sin importar el frío, el calor o que se caigan las hojas. Pues esto es Avalon y aquí las manzanas caen en todas las estaciones del año. 
En Avalon, las almas gemelas son separadas al nacer y se reencuentran en apenas un instante, explotando y dando de sí en un momento breve, corto en tiempo, toda una ríada que hará que las manzanas crezcan sanas, sin gusanos ni veneno, el momento de maduración óptima, con la primera luz del deshielo.
Son amplias las llanuras que se extienden a la vista, mas no son desérticas, están llenas de luz y de color, de vida y jolgorio, vítores y simbiosis que proporcionan una delicia visual, mental, estructural que denota cuidado, confianza y plenitud.
Avalon existe en ti, en mi. Avalon es el hormigueo del brazo, el café de las cuatro o el de las seis, el cigarro de después de comer y la música, muda, que aún está por sonar. Gomas de pelo y colores rojizos en el rostro, robustos troncos y pájaros asustadizos que aquí vuelan libremente. 
Trinan. Trinan con más fuerza que nunca pues están en Avalon y pueden hacerlo, sin miedo a caer estrepitosamente.
Esto es Avalon, y en Avalon nunca es invierno.

viernes, 16 de febrero de 2018

Equinoccio.

El invierno se aleja con paso lento y pesado como un disco de Asteroid en mi reproductor, dejando atrás la tripa vacía y las manos frías, el congelamiento vital y la detención cerebral.
La nieve se funde poco a poco con los primeros rayos de sol de la primavera, dejando escuchar los tímidos silbidos de los pájaros jardineros, mañaneros y madrugadores. Adelantan la hora solar, el fin del letargo, como anunciando el resurgir de la inspiración gastada y podrida, olvidada en el desván del ya lo haré otro día y en la estantería del no soy suficientemente bueno.
La nieve se funde y deja entrever los tallos de las flores que están comenzando a crecer después de tanto tiempo escondidas bajo tierra. Tienen más tiempo para tomar el sol y yo puedo caminar por las anchas calles observando el estilo arquitectónico de los edificios y maquinando estructuras de aroma veraniego. Frescos y cálidos, como unas litros de domingo.
El invierno se marcha lentamente y suenan las trompetas del reino de la hoja en blanco y todo es júbilo y sentimientos a flor de piel, festejando el equinoccio de primavera con tinta fluyendo por todos lados. La nieve se funde y se puede caminar, el sol calienta y alienta el texto jocoso de verso rugoso.
El invierno se marcha poco a poco dejando días largos y muchos trazos.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Entre humo.

Entre humo diluyo mi dolor externo y no miento si pretendo cambiar el curso del universo con mis versos escritos bajo una densa nube de humo gris, hachís blando y denso aroma a tu pelo. Escribo sintiendo que esto es lo que quiero, sentirme libre y entero frente a un folio desmintiendo que cribo sueños de(mi)mente.

Entre humo viene y va, tu mirada y el azar de la historia, los hechos, inversos, tú eres Rusia y yo soy el Zar. Corrompido por la maldad de Dios, dar y tomar, quedó destituido por el diablo del verso superfluo atribuido a Satanás, acuchillando por detrás.

Entre humo diluyo pensamientos internos, debatiendo sobre el bien y el mal, el aquí o el allá. Estoy en una cruzada contra mi mismo, soy el moro judío que vive con los cristianos, no sé que Dios es el mío pero solo pienso en escribir para calmar, escribir para escapar del hastío. 

Entre humo, se me está yendo el cosmos, colorido, no lo distingo con claridad, suena la instrumental, quién diría que la vida es improvisar del principio hasta el final, que lo que prima son las estructuras que encontrarás en los versos de mente madura, llenando el papel con tinta china y rimas duras.

Entre humo vislumbro el final de la partida, se me han acabado todas las vidas y he vuelto a la guarida. Me arriesgué ayer y hoy estoy fumando buena mierd(a). 

Entre humo, en soledad y color verde que atreve a ver la creme broulé. El ruido envolvente atormentando el mar en calma, reposada y esposada; verde, vida

Ya no se que hacer, escribir para creer. 

Entre humo perdimos los dientes, entre humo saltamos del puente. Hay algo oscuro en los ojos de esa gente, déjalo todo como te lo encuentres.

lunes, 22 de mayo de 2017

Egepcticismo.

Escribo en primera persona, y me siento cómodo en la o, de colocón, como el que llevo ahora mismo, mientras escribo versos que riman hacia ninguna parte, miente al diapasón, soy un seísmo. 

No hago caso a los problemas que exasperan en la brecha y sin testa, reciben esta consecuencia, presencian mantanzas y se estrecha el vínculo, vinícolo, me limpio el culo con su moral maltercha. 

Sigo siendo trigo limpio pero a su dios maldigo. No soy mendigo de su bendición, ni de sus leyes, ni de su pasión, versión. Versionan el cuento que cuento calmado, difamando verdades como puños.

El coco, mucho coco come, coco come mucho coco, el coco es poco o nada, esta muerto, enterrado, momificado,  sustentando el egepticismo del pensamiento, es el gérmen de una cultura inmóvil. 

Eterno, como el alma de esas momias. Intenso, como el martillo que pesa sobre sus dogmas, perfilando mis versos y afeitando el pescuezo. 

Escribo en primera persona y me siento cómodo con la o, de colofón vacío de ideas plasmadas en papiro, le pego el ultimo tiro y me piro.

martes, 16 de mayo de 2017

Negro.

Ya estoy harto de tanto ruido y de tanto frenesí que vi en un intenso verso. Superfluo, que suprefluye bajo la atmosfera sin miedo de mis dedos que rechazan todo lo que escribo. No fluyen las líneas por el universo, que siento, desespera y con prisa, mi brisa, que azota el humo que genera sonrisa. Lisa, como la camisa que prendo, presto, cogiendo el mechero, en el abismo sin miedo, troceando los cuerpos, perfilando los versos, que beso, si no hay besos que conduzcan este gesto.

Vacío es el que llena el papel, que no es menester de su maestre, que contra la corriente, deja el verso candente, al dente para que tu boca lo mastique. No fluye si no estás, no fluye si te vas, como tampoco fluye cuando siento despertar. Necesito de fumar, de escribir, de llorar. De curar la mente que siente, prevalece, sin nadie que lo intente. Quiero explotar en el papel como lo haría un demente.
Consulto al papel, me dice ven, te cuido como nadie, que quieres, que sientes, que pretendes. Pretendo ser competente, sacarme a relucir y no caerme, consciente de que no fluye, intuye, matemáticas que confluyen y a hostias ellos deciden.

Ya no sé si estoy enfermo o soy eterno, si soy puro cemento, si soy cero o puro sentimiento que siente abalanzarse sobre el abismo del verso vacío que crea instinto, adverso, que superfluye en el momento, de la duda, paliada con rima dura y blanda droga, que es el verso del preso que se salta los puntos y se sobra con las comas. Sentado en la ventana, solo, como el desierto. Devastado como Roma y sin tierra como Juan diluyó pensamientos mientras mi peta se lo fuma el viento. Viento que no huele a primavera. Huele a otoño húmedo y días cortos, que confluyen con los años. Pensando, que será mañana de este invento, intento, remontar río arriba de cara al viento. 

Hoy estoy cuerdo, mañana pendo, no entiendo, aun así escribo, creciendo. No me detengo, no quiero cesar, acabar, terminar este fluir, que está por venir, que llegará hasta morir y quiero decir, que no renunciaré, ni aunque el otoño llegue, ni aunque las flores marchiten. No cesaré, llevaré a mi persona a lo más alto hasta perecer.