Huele a tierra mojada y no sé si me estarás esperando bajo el tic-tac incesante del reloj tanto como espero yo a que las estrellas aparezcan en el contaminado cielo de Madrid. No sé si esperas tanto como yo a que la tarde lluviosa de café, poesía, música y chimenea vuelva a aparecer para poder compartirla contigo, quizás escribir nuestra propia epopeya o tal vez beber el mejor café que hayamos probado nunca. Y quien sabe, igual me retuerzo de placer al escucharte mientras recitas alguna de aquellas cosas que nunca nadie jamás ha visto. Tu melodiosa voz que encandila mis pensamientos hacia el mar de tus ojos, hierba pura, esperanza y vida. Sigue oliendo a tierra mojada, tecleo al son de aquel pájaro que trinaba cuando hablabas mientras la tarde se ha vuelto roja como tus labios, miel enrojecida escondiéndose coquetamente en una punky maleducada. No sé si quizás quieras volver a verme o si quizás deseas otra cosa, llevarme a tu refugio y para pasar las horas riendo, explorando cada rincón de ti, oyendo música y escuchándote a ti.
Rechinan las cuerdas de mi guitarra y me han dicho que me coma el coco porque las canciones me dan pasta, pero no quiero componer ninguna melodía en la que no esté tu voz o las teclas de tu piano, no quiero hacer nada en lo que no estés tu. Tu y yo bailando al compás de un tango como tan pronto coreando Boikot o erizándonos la piel con Koven, completándonos con nuestra música de punkys maleducados que no son punkys pero si punks. Pero es domingo por la noche y llueve en Madrid pero en mi mente hace un sol espléndido y en el horizonte se acerca un nubarrón. Aún puedo oler la tierra mojada por la lluvia incensante de Madrid y por fin han vuelto a florecer las rosas de mi balcón y la primavera está en su apogeo dispuesta a dar una cálida bienvenida a las moscas del verano, fugaces, inquietas, inciertas.
Parece que hoy, todo vuelve a empezar de nuevo. Libertad.
martes, 16 de junio de 2015
miércoles, 13 de mayo de 2015
Dime amor.
Necesito escribir
algo que me llene
tanto como tu
una noche de verano.
Necesito escribir
algo que resulte
como un trino
al final del compás.
Necesito escribirte
justo cuando te vas.
Necesito escribirte
justo cuando no estás.
A veces me pregunto
que sentirás
o que pensarás.
Pero, amor,
¿a quien le importa?
A mi y solo a mi.
Yo, que quiero
explorarte
hasta entrar
en tu última
neurona libre,
en cada pensamiento
que vuele fuera
de tu jaula.
Yo, que quiero
hacerte oro
entre mis dedos
y enredados
en tu pelo.
Pero dime, amor.
¿A quien le importa?
A quien le importa
que yo,
ser insignificante,
esté ávido de sentir,
esté deseoso de vivir
y con más ganas
que nunca de amar.
Pero, amor,
¿a quien le importa?
A quien le va a importar
si lloro,
si amo,
si rio,
si fumo,
si mato,
si toco,
si duermo,
si sueño,
si vivo
o si dejo de vivir,
si me rio por reir
o si me siento
insignificante,
inútil,
despreciado
y solo cuando
nadie sabe
que decir
cuando hablo
sobre lo que pasa
en mi cabeza.
Y dime, amor,
¿a ti te importa?.
algo que me llene
tanto como tu
una noche de verano.
Necesito escribir
algo que resulte
como un trino
al final del compás.
Necesito escribirte
justo cuando te vas.
Necesito escribirte
justo cuando no estás.
A veces me pregunto
que sentirás
o que pensarás.
Pero, amor,
¿a quien le importa?
A mi y solo a mi.
Yo, que quiero
explorarte
hasta entrar
en tu última
neurona libre,
en cada pensamiento
que vuele fuera
de tu jaula.
Yo, que quiero
hacerte oro
entre mis dedos
y enredados
en tu pelo.
Pero dime, amor.
¿A quien le importa?
A quien le importa
que yo,
ser insignificante,
esté ávido de sentir,
esté deseoso de vivir
y con más ganas
que nunca de amar.
Pero, amor,
¿a quien le importa?
A quien le va a importar
si lloro,
si amo,
si rio,
si fumo,
si mato,
si toco,
si duermo,
si sueño,
si vivo
o si dejo de vivir,
si me rio por reir
o si me siento
insignificante,
inútil,
despreciado
y solo cuando
nadie sabe
que decir
cuando hablo
sobre lo que pasa
en mi cabeza.
Y dime, amor,
¿a ti te importa?.
lunes, 4 de mayo de 2015
Ruido III
Con el matrimonio en 1469 de Fernando de Trastámara e Isabel de Trastámara se sentaron las bases de lo que se ha denominado Monarquía del Quiero y No Puedo.
Horas que vienen y van, entre estas cuatro paredes en las que esta prohibido soñar y con el reloj machacando el minutero, oigo como cada segundo pasa a la historia y yo paso a la historia del papel. Tinta de keroseno que promete una nueva libertad y creatividad, oyendo ruidos entre los espacios que hay entre esta frase y la que viene, portazos en la cara del espectador y un trino que apenas suena entre alaridos y la cafetera de los minutos pasados, pero verá, a veces la fatiga es normal y habrá quien dice que no sigo el compás mientras yo, sueño indiscriminadamente perdido entre los rizos de la directora que van sin ton ni son, marcando el ritmo, marcando el tempo.Tiempo que es eterno cuando me acompañan un enorme taco de papeles que me miran gritando como si una jauría de viejas gatunas se tratase: "¡EMPÁPATE DE SABER!".
Pero una se amontona encima de la otra, y la otra se pierde, y la tinta fluye mientras gasto una vida en recordar algo que me ha consumido la inspiración y que tiene espinas clavadas en las yemas de los dedos de la mano izquierda que gritan pidiendo asilo político a otro instrumento.
Pero yo, que hundo colinas, remuevo mares y modelo planetas. Yo, dios de mi propia existencia, hombre libre de espíritu y sin cargo de conciencia. Yo, ser poderoso y de altar sin dios, de espada y pluma en mano, me retuerzo y aullo desperado un "¡YA NO HAY NADA QUE PERDER!" ante el ruido de mi universo, mientras sigue el tic-tac del reloj y el Cristo empobrecido me mira como riéndose en mi cara.
Hoy, que cada vez queda menos para la liberación, me he enfrentado al ruido, cara a cara y me he dado cuenta que cada vez hay menos diferencia entre él y yo.
Horas que vienen y van, entre estas cuatro paredes en las que esta prohibido soñar y con el reloj machacando el minutero, oigo como cada segundo pasa a la historia y yo paso a la historia del papel. Tinta de keroseno que promete una nueva libertad y creatividad, oyendo ruidos entre los espacios que hay entre esta frase y la que viene, portazos en la cara del espectador y un trino que apenas suena entre alaridos y la cafetera de los minutos pasados, pero verá, a veces la fatiga es normal y habrá quien dice que no sigo el compás mientras yo, sueño indiscriminadamente perdido entre los rizos de la directora que van sin ton ni son, marcando el ritmo, marcando el tempo.Tiempo que es eterno cuando me acompañan un enorme taco de papeles que me miran gritando como si una jauría de viejas gatunas se tratase: "¡EMPÁPATE DE SABER!".
Pero una se amontona encima de la otra, y la otra se pierde, y la tinta fluye mientras gasto una vida en recordar algo que me ha consumido la inspiración y que tiene espinas clavadas en las yemas de los dedos de la mano izquierda que gritan pidiendo asilo político a otro instrumento.
Pero yo, que hundo colinas, remuevo mares y modelo planetas. Yo, dios de mi propia existencia, hombre libre de espíritu y sin cargo de conciencia. Yo, ser poderoso y de altar sin dios, de espada y pluma en mano, me retuerzo y aullo desperado un "¡YA NO HAY NADA QUE PERDER!" ante el ruido de mi universo, mientras sigue el tic-tac del reloj y el Cristo empobrecido me mira como riéndose en mi cara.
Hoy, que cada vez queda menos para la liberación, me he enfrentado al ruido, cara a cara y me he dado cuenta que cada vez hay menos diferencia entre él y yo.
jueves, 19 de marzo de 2015
Fórmulas que matan.
Fluye la tinta
del bolígrafo
como baja
la cerveza
en la litrona.
Apestando la habitación
con versos desnudos,
inspiraciones y palabras,
con apenas ciento cuarenta
caracteres precisos.
Como esclavo
de tu genio,
sucio,
rastrero
y ladino.
Eludes mis preguntas
con versos ingeniosos
e ignoras mi ansia
de querer explorar
cada rincón de tu mente
con promesas de cerveza fría.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones.
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás algún día
podré apresarte
con la mirada
y encadenar
tus versos
a mi cuaderno.
Y tus labios
a mi bolígrafo.
Y tus manos
al papel.
Y pegar tus pies
al suelo con tinta
que apeste
a silencio
un sábado por la noche,
de helado de ira
y cuchara de lascivia.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás...
Que jadeo estrofas
y vomito tinta espumosa
cuando te pienso.
Que destruyo mundos
y rompo primaveras
cuando te escribo.
Que me mates
con tu mirada
y me entierres
con tus palabras
y tus fórmulas
matemáticas
que se yuxtaponen
en silencio,
como ninjas
del verso
y asesinos
de paracetamol
y filosofía barata.
Que apesta la cerveza
cuando te espero.
Que fluye la tinta
cuando te espero.
Que se acaba el papel
cuando te espero.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones.
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás...
-----------
@hadesishere
del bolígrafo
como baja
la cerveza
en la litrona.
Apestando la habitación
con versos desnudos,
inspiraciones y palabras,
con apenas ciento cuarenta
caracteres precisos.
Como esclavo
de tu genio,
sucio,
rastrero
y ladino.
Eludes mis preguntas
con versos ingeniosos
e ignoras mi ansia
de querer explorar
cada rincón de tu mente
con promesas de cerveza fría.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones.
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás algún día
podré apresarte
con la mirada
y encadenar
tus versos
a mi cuaderno.
Y tus labios
a mi bolígrafo.
Y tus manos
al papel.
Y pegar tus pies
al suelo con tinta
que apeste
a silencio
un sábado por la noche,
de helado de ira
y cuchara de lascivia.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás...
Que jadeo estrofas
y vomito tinta espumosa
cuando te pienso.
Que destruyo mundos
y rompo primaveras
cuando te escribo.
Que me mates
con tu mirada
y me entierres
con tus palabras
y tus fórmulas
matemáticas
que se yuxtaponen
en silencio,
como ninjas
del verso
y asesinos
de paracetamol
y filosofía barata.
Que apesta la cerveza
cuando te espero.
Que fluye la tinta
cuando te espero.
Que se acaba el papel
cuando te espero.
Porque algún día
nos mataremos a inspiraciones.
Y a palabras.
Y a versos.
Quizás...
-----------
@hadesishere
domingo, 15 de marzo de 2015
Cerveza húmeda.
Que no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
Ni tampoco esos
treinta y no sé cuantos
porros de maría.
Que ahora que se acerca
la brillante primavera,
se nota la aridez de mi cuerpo,
al que le falta tu humedad.
Esos días bellos de frío y lluvia
en los que nos quisimos de verdad,
cuando recogí, gota por gota,
todo ese cariño que derramaste
en el árido desierto de mi piel.
Y ahora que tu ausencia duele
y el lago se ha convertido en pantano,
lleno de fango y camino de la desertización,
vago por el papel buscando
la papela y el tapón de la litrona
para fertilizar de nuevo
los campos de mi cuerpo.
Y corre la tinta del bolígrafo,
como buscándote entre algún trueno
que sea inesperado e intenso
y que me lleve de nuevo
al frondoso mar de tu pelo.
Buscando las cuerdas
de mi guitarra
a no sé cuantos grados,
por la noche y sin luz
para volver a dedicarte
otra melodía cualquiera,
a solas tu, yo y mi conciencia.
Que cuando te recuerdo,
sonrío aunque duela
y me doy cuenta de que
no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
Ni tampoco esos
treinta y no sé cuantos
porros de maría.
Que ahora que se acerca
la brillante primavera,
se nota la aridez de mi cuerpo,
al que le falta tu humedad.
Esos días bellos de frío y lluvia
en los que nos quisimos de verdad,
cuando recogí, gota por gota,
todo ese cariño que derramaste
en el árido desierto de mi piel.
Y ahora que tu ausencia duele
y el lago se ha convertido en pantano,
lleno de fango y camino de la desertización,
vago por el papel buscando
la papela y el tapón de la litrona
para fertilizar de nuevo
los campos de mi cuerpo.
Y corre la tinta del bolígrafo,
como buscándote entre algún trueno
que sea inesperado e intenso
y que me lleve de nuevo
al frondoso mar de tu pelo.
Buscando las cuerdas
de mi guitarra
a no sé cuantos grados,
por la noche y sin luz
para volver a dedicarte
otra melodía cualquiera,
a solas tu, yo y mi conciencia.
Que cuando te recuerdo,
sonrío aunque duela
y me doy cuenta de que
no han sido en vano
esas setenta y no sé cuantas
litronas de cerveza.
viernes, 6 de marzo de 2015
De lunes a lunes.
Claustrofobia.
Silencio.
Doy vueltas
en círculo
sin saber
que hacer,
ni a donde ir
y sin saber quien soy.
Pasan las inevitables
horas de la tarde
y tengo la guitarra
delante.
Y no puedo tocar,
ni puedo cantar,
ni puedo gritar,
ni tan si quiera
puedo soñar.
Se me pasan
lentas las horas
dentro de esta
habitación,
esperando a que
sea mañana,
para que sea
el día siguiente,
y el siguiente.
Y así hasta el lunes.
Y vuelta a empezar.
Estar en el colegio
desrando llegar a casa
y estar en casa
deseando volver a ir
al jodido y puto colegio
para poder volver a casa.
Mierda,
ya es lunes
otra vez.
domingo, 1 de marzo de 2015
Ellas y tú.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
Tumbado,
como dando paseos
por las curvas
de tu cuerpo,
dibujando letras
en el papel,
como esperando
a ser yo mismo,
a que entres por la puerta
y me dediques al menos,
un segundo de tu libertad
para poder volver a contemplar
cada curva,
cada lunar,
cada pestaña,
cada mechón de pelo rebelde.
Huele a primavera
en la cama de mi habitación
un sábado por la noche,
de cerveza caliente
y bolígrafo sin papel.
Vagando,
como viajando de nuevo
a donde siempre quise viajar,
a donde siempre quise estar.
Como Don Quijote
sin delirio
vagando por Castilla,
como Apolo sin lira
y viento que golpea
el gélido cristal.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
calientes
y sin dueña,
esperando a que vengas
a hacerme oro
entre tus dedos,
a comerme a besos,
a deleitarme con historias
tan bellas
como cualquier tragedia griega.
A que reanudes el compás,
a que trine el pájaro
mañana por la mañana,
a la rosa sin espinas
y al porro sin maría.
Escribiendo,
como si te dibujase
con palabras
y se me fuese
a acabar el papel.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
Tumbado,
como dando paseos
por las curvas
de tu cuerpo,
dibujando letras
en el papel,
como esperando
a ser yo mismo,
a que entres por la puerta
y me dediques al menos,
un segundo de tu libertad
para poder volver a contemplar
cada curva,
cada lunar,
cada pestaña,
cada mechón de pelo rebelde.
Huele a primavera
en la cama de mi habitación
un sábado por la noche,
de cerveza caliente
y bolígrafo sin papel.
Vagando,
como viajando de nuevo
a donde siempre quise viajar,
a donde siempre quise estar.
Como Don Quijote
sin delirio
vagando por Castilla,
como Apolo sin lira
y viento que golpea
el gélido cristal.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
calientes
y sin dueña,
esperando a que vengas
a hacerme oro
entre tus dedos,
a comerme a besos,
a deleitarme con historias
tan bellas
como cualquier tragedia griega.
A que reanudes el compás,
a que trine el pájaro
mañana por la mañana,
a la rosa sin espinas
y al porro sin maría.
Escribiendo,
como si te dibujase
con palabras
y se me fuese
a acabar el papel.
Que apestan
estas botellas
de cerveza
abiertas,
esperando a
que aparezcas
por la puerta.
Y aquí siguen.
Ellas y yo.
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