lunes, 10 de mayo de 2021

Mi señora se ha ido.

Es posible que los ecos del invierno hayan llegado a sus últimos rebotes. Por dentro me siento frío, calado hasta los huesos, pero la primavera está tomando forma y cada vez más se acercan los vientos cálidos del verano.

Ya no estás, pero tampoco tengo claro si me hace falta. Ya no estás, pero la tierra se sigue moviendo en torno al sol. Yo he sido pasivo en el cambio y esperar en casa ha tenido su recompensa. Los capullos de las flores se empiezan a abrir tímidamente en la linde del castillo. Mi señora dejó las tierras para ir a visitar una corte al otro lado del charco. No es una corte muy rica, tampoco es de una belleza singular, pero supongo que a ella le llena. Es mejor que deje de conjugar palabras en su honor, pues parece que no va a regresar. Yo solo soy un siervo que cultiva sus campos y recibe de ellos sus cosechas. Es primavera y tiempo de recoger el grano. Quizás Jorge Drexler, aunque unos cuantos siglos más tarde, si tenía razón y tengo el fruto. Esto no tiene pinta de un adiós, pero sí quizás de un punto y aparte. El dolor de labrar el campo, las enfermedades virulentas y el autoflagelamiento en nombre de Dios cada vez es menos. Es hora de ir a la iglesia, comulgar, reír, beber y disfrutar, pues al menos, tenemos que comer. Mi señora se ha ido, y yo que había organizado un banquete en su honor. Pero el banquete es una oportunidad de quizás, conocer a la persona que quiera acompañarme para labrar mi tierra y yo, tendría que devolverle el favor, ayudando a labrar la suya. Codo con codo. Aprender cosas nuevas. Desarrollar nuevos sistemas. Corregir los procedimientos ponzoñosos y evitar esparcir sal en los campos. 

Mi señora se ha ido a una corte extranjera en pleno florecer primaveral. Una pena.   

lunes, 5 de abril de 2021

Hot pot.

 Hace apenas unos días que llegó la primavera y yo sigo con mallas y dos térmicas debajo de la ropa. Ha llegado la primavera pero el frío del invierno ha calado hasta los huesos. Ya no sé si sentirme bien, mal o pasar de todo lo que me viene a la cabeza. Quiero gritar, llorar, estar mal y salir corriendo. Pero también quiero esperar, reír, estar bien y quedarme sentado. Sentado a que de una vez por todas, el fuego de la chimenea empiece a tirar, resquebrajando cada astilla y consumiendo hasta el más mísero trozo de los troncos. Notar el calor, el regocijo de una sopa de ajo, reconfortante pero seco. Quiero sentarme a esperar a que te sientes a comer, pero tampoco quiero esperarte. Quiero bañar los fideos en el caldo picante pero también quiero probar los rollitos de primavera y terminar con un buñuelo de viento veraniego. Reestructurar el menú para que disfrutemos cada bocado y cada sorbo de la tsingtao bien fría. Pero se me han roto los palillos y es un restaurante chino para chinos. "Come solo con uno". Cómo voy a comer solo con un fideo algo que requiere dos. Quizás la clave sea en usar un tenedor.

La primavera ha llegado pero no está caliente. Es como la dualidad del antiguo Egipto, húmedo-seco, como dos puntos equidistantes en la base de un triángulo. Abandonarme a la escritura, la meditación y la medicación que la vida me ofrece. Quizás sí deba esperar a que se enfríe la comida. O quizás deba abrasarme las papilas gustativas. Debería coger chaqueta, o tal vez debería no ponerme las mallas. Seguro que hace calor...o tal vez no.

domingo, 14 de marzo de 2021

Boxeo

 Estoy en tu cama sin ti y tu olor inunda mis fosas nasales. Hundo la nariz en la almohada. Cojo aire. Y me vengo abajo. Todo el trabajo, tan duro y constante, se ha desplomado en un instante, en un momento de guardia baja el croché ha golpeado el mentón izquierdo. Me recompongo y vuelvo al ring. Un directo. Mientras me aclaro las ideas y refresco mi boca, oigo a un tío decir algo en la grada. Voy perdiendo y el lo sabe, lo deja caer y evita mirarme. Sabe que está metiendo el dedo en la llaga.

Se acaba el tiempo muerto y no me queda más opción que volver a pelear. Forjeceamos y esquivamos golpes, patadas e incluso mordiscos. Un momento se detiene ante mi. Me va a dar. Voy a caer desmayado. Justo en ese instante, indico al árbitro que me quiero retirar y abandono el cuadrilátero, el vestuario y el estadio.
Ahora que estoy en mi cama sin ti, después de haber estado en la tuya, hundo la nariz en la almohada y cojo aire. Pienso en retirarme del boxeo, pero también pienso en ganarlo todo. Es una bifurcación y ahí reside el problema. La dualidad y los griegos con sus íes. Después de haber olido tu perfume impregnado en la almohada en la que tantas veces he apoyado la cabeza, decido que no voy a sucumbir y voy a entrenar más duro para que, en la próxima pelea, no me derribe el muro.

miércoles, 3 de marzo de 2021

El muro.

 El sonido del auto-sopapo te termina de despertar y piensas "¿qué cojones haces?".

Parezco un personaje de anime de deportes. He chocado contra el muro, el alcanzado todo el potencial que otros veían en mi y he entrado en regresión. Ahora los pensamientos pasados me atormentan y me hacen tener miedo de mi. El muro es muy alto y quiero llegar a mirar al otro lado, pero cada vez que salto las piernas me fallan y me quedo anclado. Clavado como Cristo, en el suelo de la cancha y en vez de rematar, en vez de saltar y ver lo que hay más allá del muro, cien ladrillos lastran mi vuelo. No puedo dormir y la máquina no para de girar. Primero al trote, como caballo estepario. Luego ve un zorro, se asusta y no sabe lo que pasa. Posición rampante y luego echa a correr. Deprisa. Más deprisa. El caballo se ha convertido en un tren de alta velocidad que está destinado a alcanzar la velocidad que le permitirá convertirse en avión. Luego en nave espacial. Llegará al espacio y alcanzará la órbita de no se sabe donde. Aquí arriba no veo ningún dios. Aquí abajo solo veo mis entrañas y mi huerto. Mi luna y mi sol. El bastón y la pluma. Lo seco y lo húmedo. 

Sin duda, en el pesaje de las almas, de un lado de la balanza saldría la mano de Dios de una nube. Mientras, San Miguel me sonreiría mientras vigila ambos platos de los garfios y los demonios menores, molestos y pánfilos, quieren desequilibrar el valor de mi alma. La dualidad es una realidad y el dilema de la Y se manifiesta a cada segundo de la eterna noche. En el momento previo a conciliar el sueño y abandonarme a mi subconsciente para que, a la mañana siguiente no recuerde nada. Tostadas y ansiedad para desayunar. El tic-tac es inevitable y acelera el pulso. Quiero saltar el muro y ver que hay al otro lado. No me importa el que. Solo quiero disfrutar de la visión de estar por encima, ese segundo mas en el aire, ese salto más potente. Solo quiero que las piernas no me fallen.

No sé que estoy haciendo pero si sé lo que no quiero hacer. Quiero saltar y ver más allá del muro.

sábado, 13 de febrero de 2021

Parménides.

 Se me disuelven las ganas.

El vacío es vacío per se, no hay nada dentro por mucho más que busques. La sombra de toda una vida es el árbol bajo el que me siento a leer poemas de amor de hace diez siglos. Mientras, me doy cuenta de que como decía Parménides, "el ser es y el no ser, no es". ¿Qué he hecho mal?¿Es que acaso no soy una persona?¿Quien soy?. Anhelo el sol de la primavera calentando la fría piel de mis manos y el paseo por el camino que lleva a la ermita. Hay cosas que no entiendo y no entenderé sin ayuda. Y hay otras cosas que jamás lograré entender. Si yo hago por los demás lo que me gustaría que hicieran por mi, ¿por qué no hacen por mi cualquier gesto, aunque mínimo, que yo haga por ellos?¿Es que acaso cada uno no da lo que recibe y luego recibe lo que da?. Nada es más simple, decía Jorge Drexler, pero yo no creo que así sea. Si solo existiese esa norma, yo no estaría aquí tratando de contener el lloro y estaría lleno de plenitud y gozo. No quiero reemplazar mi dependencia emocional, pero solo pido una cosa y no se me da. Está claro, según han ido pasando los años he dejado de creer en lo que decía el músico uruguayo, pues gente que conozco desde hace más de diez años, unos más, otros menos, no me dan lo que les doy. No es tan difícil, en efecto, pero parece ser que no se atiende a razones. Siempre soy yo el que presta atención pero cuando lo demando nadie acude a mi llamada y de seguido, como este texto y su idea, procedo a fundir mi respiración, saturada con el humo de la combustión, con mis pensamientos. Heridas, traumas, heridas, una sonrisa, un pensamiento feliz y otra herida, y otra, y otra. Me pueden crecer y teñirse de blanco mis barbas antes de que reciba un mensaje, una contestación. Necesito que me cuiden y me quieran, como también necesito querer y cuidar. Sin embargo, lejos de todo eso, siento que nada es así y me siento como un griego observando la oscuridad de fuera de la polis, pensando en que no hay nada más allá, que la oscuridad es la nada, lo que no existe, porque no lo veo.

Se me disuelven las ganas de dar explicaciones. Se me disuelven las ganas de seguir intentando ser como quiero ser. Se me disuelven las ganas.


lunes, 18 de noviembre de 2019

West largo.

En guerra por mi paz, constantemente. La presión encuentra su lugar dentro mi pecho, angustiado y golpeando por salir, manteniéndolo cerrado. La tripa vacía y las manos frías, quieres jugar a la guerra de las plumas que buscan la paz con el beso de aquí te pillo y aquí escribo estas líneas, producto de mi imaginación exasperada por producir algo que no sea en blanco y negro.
La cefalea de tanto pensarte y no se va ni con unos cuantos gramos de paracetamol fuera de la dosis diaria recomendada. En serio, necesitaba escribirlo o prensarlo, fumarlo y abandonarme al frío ético de mis pestañas soñolientas que están en realidad despiertas. Quiero dormir pero no me dejas.
Tengo tantas ganas de reventar que traigo el material refinado, lo mismo de siempre pero envasado al vacío. El Medievo me está consumiendo poco a poco, a veces para bien, a veces para mal. Bien es cierto que en Él encuentro consuelo, transportándome hace nueve siglos donde no tendría esta ansiedad pero seguiría sufriendote igual.
Estoy en guerra por mi paz, en tanto que tu no estás pero nunca te has ido. Me he montado un altar sin quererlo y no puedo evitar recordarte todos los días pero ese recuerdo es el que me mantiene vivo, como si fuese canuto acompañado de west largo bien prendido, no hablo de ti, hablo contigo. No se den por aludido.
Estoy en guerra por mi paz y un día de estos voy a reventar pero por ahora tocar seguir automedicandome en forma de café, letras y otras drogas. No participes en una guerra que no ganas, sin que nadie me dé ganas de nada, tirado en la cama llorando cascadas.

jueves, 9 de mayo de 2019

Autopsia.

Uno para ti y otro para mí, entre café tibio que se torna frío y el ruido de las agitadas hojas de la primavera. Estoy cediendo el espacio a mí mismo, calmado y resucitando con la luna llena como Cristo Redentor.
La vida pasa despacio y consciente como el cenicero de mi mente, suplente del partido que vamos a jugar, alcanzando la cima hasta el final. Me dejo llevar por los acordes de la sintonía de la vida.
Uno para ti y otro para mí, entre el café casí frío y el ruido del viento susurrándome al oído. Queriendo avanzar sin abrir formación pero retrocediendo ante los obstáculos de barro que se alzan en el lluvioso ocaso del día.
El café se enfría mientras se teclean estas líneas producto de una necesidad de encontrar un nuevo enfoque. Pero ya no tengo ganas de nada y si algo no se ve claro como los rayos de sol filtrándose en la lámpara aquella que compramos en Estambul, se abandona como me he abandonado yo mismo.
Se está acabando el polen que aliñaba mi cigarro y con el se desvanecen también las ganas de seguir escribiendo, así que hacemos lo de siempre, porque siempre hay hueco para dos tiros antes de llevarlo a la tumba.
Uno para ti y otro para mí.